Opinión

Más allá del tamaño de una dosis

Hace meses en México se está impulsando una ola de opinión a favor de una nueva política de drogas, enfocada en la salud y no una política prohibicionista y policiaca. La captura de El Chapo Guzmán es una importante oportunidad para reflexionar más sobre este tema. La aprehensión de las cabezas del crimen es ciertamente muy importante, pero insuficiente. Mientras no se sustituya la economía de la ilegalidad por una economía formal, habrá siempre nuevos capos.

En Estados Unidos se está avanzando a marchas aceleradas en lo que se refiere a la mariguana, que representa el 80 por ciento de todas las substancias ilegales que se consumen allá. El debate es abierto, transparente, médico, científico y político. El libro más reciente sobre el tema, A New Leaf: the end of cannabis prohition, es un análisis objetivo de los aspectos positivos y las amenazas de esta política.

El texto concluye diciendo que seguramente la legalización de la mariguana, con uso médico o recreacional, no será tan mala como argumentan quienes se oponen; ni será la panacea de quienes la apoyan. Es una política que se tendrá que ir modificando, mejorando, con base en estudios clínicos y seguimiento puntual. De ahí que Obama haya tomado la decisión de no litigar a nivel federal la política que han adoptado los estados.

México debe avanzar y transformar su política con relación a la mariguana. Ahora que el país vive una transformación en ámbitos estratégicos y con ataduras tan profundas, sería indispensable que el gobierno también adopte una política distinta en esta materia.

La criminalización aumenta el precio de las drogas; cerca del 40 por ciento de los ingresos del narcotráfico mexicano provienen de la mariguana. La despenalización contribuiría a reducir estas ganancias. El contexto internacional ha cambiado, además de EU, Uruguay aprobó la regulación de la producción, distribución y el consumo de mariguana, y la OEA presentó un amplio informe sugiriendo la posibilidad de despenalizar la mariguana.

La despenalización mediante un aumento en las dosis de portación permitida, como se propone en el DF, es un paso en el camino correcto, pero hay que ir más lejos, regularizando la producción y comercialización de mariguana en todo el país.