Opinión

Más allá del precio

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Precios de la gasolina. (Cuartoscuro)

A mi bolsillo no le va a gustar pagar 20 por ciento más por llenar el tanque de gasolina. Esa es la queja que se escucha, pero ese no es el tema.

La competencia resulta en mejor calidad y en menores precios para los consumidores, pero ésta tiene que abarcar todas las etapas del proceso productivo de cualquier bien para capturar esos beneficios. Cuando se hablaba de liberalizar el precio de la gasolina, muchos pensaban que la liberalización implicaba que automáticamente el precio bajaría. Llevamos años con precios controlados. Las fluctuaciones en el precio simplemente no estaban en el radar.

Al agregar a la ecuación la confusión generada al difundir los beneficios de la reforma energética, se pensaba que una vez que viéramos estaciones de servicio con marcas distintas a Pemex, el precio bajaría.

Al tener compitiendo a BP con Exxon y con Pemex, seguramente eso nos garantizaría no sólo gasolina más barata, sino de mejor calidad.

Pero olvidamos que la producción de gasolina tiene muchas etapas que empiezan en la extracción del crudo y terminan en la gasolinera. Como en cualquier otro bien, el precio debería de reflejar el costo de todas las etapas de la producción, más los márgenes y los impuestos y considerar los subsidios, en caso de que existan.

Sin embargo, el proceso de producción y abasto de gasolina en México han estado controlados en su totalidad por Pemex, por lo que los costos de todas las etapas han estado ocultos.

La liberalización del precio de la gasolina sacará a la luz todas las ineficiencias que se han generado por décadas. La falta de capacidad de refinación, de eficiencia operativa, de infraestructura de todo tipo, de capacidad de almacenamiento, se irá revelando conforme el precio de la gasolina se vaya determinando bajo condiciones de mercado.

La competencia no deberá estar solamente en las estaciones de servicio. La competencia tendrá que estar en todos los eslabones de la cadena. Se tendrá que abrir el mercado de importaciones. Hoy en día importamos 53 por ciento de la gasolina que consumimos. De ésta, 80 por ciento llega por mar. Sobra decir que la capacidad portuaria que tiene el país no es la necesaria.

La capacidad de almacenamiento, utilizada hoy por Pemex en su totalidad, también es insuficiente. Para darnos una idea del déficit, aquí un ejemplo: dos empresas en Houston, Texas, tienen una capacidad de almacenamiento igual a toda la capacidad instalada en México (que es de 10.6 millones de barriles). Abrir este mercado puede atraer inversión portuaria, pero necesita precios que hagan esta inversión atractiva.

No sólo los precios atraerán la inversión en puertos o en otro tipo de infraestructura. Es necesario que se garanticen condiciones de operación mínimas. ¿Qué empresa querrá invertir si sabe que sus ductos podrán ser 'ordeñados' sin control y nadie hará nada al respecto? ¿Quién querría que sus productos fueran detenidos horas o días en una carretera bloqueada? ¿Cuánto tendrían que agregar a sus costos los nuevos posibles inversionistas como pago de cuotas, 'moches' o 'mordidas'? De nuevo, el Estado de derecho será fundamental.

Aparte de todos los procesos en la cadena productiva, también están los impuestos que hoy en día representan, entre IVA y IEPS, 43 por ciento del precio por litro de la Magna y 36.1 por ciento de la Premium. Ahora bien, los combustibles fósiles contaminan. Incluso con nuestra memoria de corto plazo podemos recordar los meses de 2016 en los que vivimos bajo una nube de mugre. Si es este el caso, ¿no deberíamos de pagar más por este daño que causamos al medio ambiente? ¿Por qué no se invirtió desde hace más de 50 años en crear una red de transporte público eficiente y suficiente?

Sí, a mi tampoco me va a gustar que me cobren más por ponerle gasolina al coche, pero es el costo que tenemos que pagar por haber hecho las cosas mal desde hace años. No es la reforma energética. Es precisamente la falta de una reforma energética oportuna lo que generó poca inversión y opacidad en la operación. No haber hecho una reforma energética hace 30 años va a pasar la factura hoy. Y la factura abarcará muchos ámbitos. No será únicamente económico. El tema es social y por ende, también político.

Pero lo que me gusta menos es el despilfarro, la corrupción y la ineficiencia. Saber que ese porcentaje de impuestos no termina en la forma y en el lugar donde deben de terminar es lo que más molesta. Creo que es ahí donde está el enojo. El precio de la gasolina sólo recoge el hartazgo frente a lo que se percibe como un robo. Seguramente alguien podrá capitalizarlo.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿como vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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