Opinión

Más allá de la llamada

 
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Trump se declara “muy decepcionado” por el fracaso de la ley de salud

El muro, ahora nos lo confirma la llamada revelada por el Washington Post, importa sólo para la propaganda, para la imagen de ese infante eterno que se llama Donald J. Trump.

En la conversación telefónica del 27 de enero, cuando Trump llevaba apenas una semana en el poder, los temas torales –una vez aceptada por Enrique Peña Nieto (como lo confirmarían los hechos posteriores), la exigencia de no hablar a la prensa de la negativa mexicana a pagar el muro–, el magnate incontinente va a lo suyo: necesita dar a sus votantes una respuesta clara sobre el déficit comercial y el combate al narcotráfico.

Paréntesis obligado sólo para seguir con estos dos temas: los medios de comunicación han revisado las declaraciones de Peña Nieto desde la fecha citada arriba hasta ahora: y, efectivamente, el presidente de la República no volvió a decir que México rechaza pagar el muro.

Acató a pie juntillas la trumpiana instrucción: “No se puede decir eso a la prensa (que nuestro país no pagará). La prensa se va a ir con eso y no puedo vivir con eso”.

Fuera de su tema de propaganda, la lectura que hizo el Washington Post es correcta: Trump amenazó a Peña con imponer impuestos extraordinarios a las importaciones mexicanas –una amenaza nada amistosa en el marco de la renegociación del Tratado de Libre Comercio– y sugirió que las Fuerzas Armadas mexicanas son incapaces y temen enfrentar el poder del narcotráfico.

Algunos han leído la transcripción dada a conocer por el Washington Post como un mentís a las versiones de que en su trato en privado Peña ha sido sumiso y no ha defendido los intereses nacionales.

Esto sólo es cierto, parcialmente, en el tema del muro. Y es inútil, pues el mismo Trump dijo en la conversación que la emblemática valla es el asunto menos importante.

En los dos asuntos que realmente le interesaban al presidente de Estados Unidos, sin embargo, no hubo una respuesta firme del lado mexicano, ni siquiera cuando Trump afirma que enviará tropas porque las nacionales tienen miedo: “nuestros militares los matarán… los eliminaremos”.

Cuando Trump habla de imponer aranceles de 10 a 35 por ciento a los productos mexicanos que crucen la frontera está, en los hechos, planteando el fin del Tratado de Libre Comercio, un instrumento que prohíbe expresamente los aranceles entre los tres países firmantes.

Trump amenaza: “Si no llegamos a acuerdo (en el tema del muro) te digo que impondremos un impuesto considerable en la frontera sobre lo que llegue a los Estados Unidos porque, la verdad, no queremos sus productos a menos que sus productos estén gravados”.

Siguiendo un guión diseñado para no incomodar al poderoso vecino, Peña Nieto responde con la necesidad de soluciones 'creativas' al chantaje explícito que formula Trump: “Nos ganan en comercio y nos ganan en la frontera, y nos matan con drogas”.

Seis meses después de la llamada, y a unos días del arranque de la renegociación del TLC, el gobierno de Peña Nieto parece seguir con prisas más derivadas de consideraciones político-electorales que enfocadas a una estrategia destinada a obtener un buen acuerdo para México.

En el gobierno creen erróneamente que un éxito en las negociaciones –'éxito' que no incluiría el tema migratorio que es clave para la vida y la dignidad de millones de mexicanos– podría apuntalar las aspiraciones del candidato del PRI a la presidencia en 2018.

Pero la realidad es que las concesiones que el gobierno de Peña Nieto ha hecho a su contraparte estadounidense no han traído prácticamente ningún beneficio a nuestro país. Por ejemplo, y como han señalado organismos de derechos humanos, México se ha convertido en el 'deportador en jefe' de los ciudadanos centroamericanos (echamos de nuestro país al doble de los que expulsa el vecino del norte), quienes además siguen sufriendo abusos y vejaciones a los largo y ancho de nuestro territorio. ¿Y a cambio qué obtiene? Más amenazas, más deportaciones, más abusos.

Al ceñirse a la política migratoria de Estados Unidos, por lo demás, México pierde toda autoridad política y moral para reclamar un trato humano a sus ciudadanos.

En el tema migratorio como en el comercial –que deberían ser inseparables– se impone la pregunta: ¿cuál es la agenda, cuáles son las prioridades de México en su relación con Estados Unidos?

Al menos en lo que toca a Trump, la agenda ha sido una prisa que, desde aquella penosa visita del candidato presidencial, mostró un gobierno mexicano frágil y proclive a la sumisión.

Un gobierno que, además, decidió abrir otros frentes al lanzar iniciativas para avanzar en nuevos acuerdos comerciales con la región Asia Pacífico, Europa y naciones sudamericanas. Todo, en la recta final del sexenio y con los peores índices de aprobación que haya tenido un gobierno mexicano.

Para cerrar el tema de la llamada, Trump pasa de Mister Hyde a doctor Jekyll cuando sugiere a Peña Nieto que ambos pueden llegar a ser 'casi' padres de la patria y le plantea que podría buscar una reforma constitucional para reelegirse como presidente.

Nunca fue tan cierto aquello de “Pobre México, tan lejos de Dios…”

La autora es senadora de la República.

Twitter: @Dolores_PL

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