Opinión

Marxistas violentos, atrás de matanza de los 43

Minorías de fundamentalistas islamitas, que matan a quienes no comparten sus creencias, tienen en jaque a millones de islamitas pacíficos, que no están dispuestos a matar en nombre de su Dios. Algo parecido pasa con minorías de fundamentalistas marxistas que tienen en jaque a millones de mexicanos. El ya superado marxismo-leninismo, que fluctúa entre ideología y religión, formó fanáticos que durante gran parte del siglo pasado institucionalizaron y utilizaron la violencia como un medio para llegar al poder.

Por ningún motivo justificamos la matanza de estudiantes en la normal de Ayotzinapa, pero es hipócrita no investigar y ni denunciar todas las causas de esa matanza. Se averigua la alianza de las autoridades municipales del partido de izquierda, PRD, de Iguala con el crimen organizado, pero se pasa por alto la tolerancia, impunidad y dinero de los impuestos, que durante muchos años el gobierno estatal de Guerrero y el federal, les han brindado a un centro de subversión, que funciona teóricamente como Normal para maestros, donde adoctrinan a jóvenes humildes y bien intencionados. Los convierten en violentos fanáticos del marxismo-leninismo, con fines políticos, ajenos al objetivo teórico de esa institución.

Quedan todavía en el aire las preguntas ¿por qué los maestros marxistas de esa institución enviaron a jóvenes, en su mayoría de nuevo ingreso, a un enfrentamiento con las narco autoridades perredistas de Iguala? ¿Estaban ligados con otro cártel del crimen organizado?, ¿pusieron en práctica la vieja estrategia de crear víctimas para dar vida a su movimiento?

El Presidente Peña Nieto se comprometió a restablecer un estado de derecho y a terminar con la impunidad. La promesa para que sea válida debe aplicarse también a los grupos de radicales que se apoderaron de esa Normal, que manipulan y victimizan a jóvenes humildes que se inscriben en esa escuela con la ilusión de convertirse en profesores y solo les enseñan una ideología-religión, obsoleta, que los convierte en extremistas dispuestos a obedecer ciegamente las ordenes de sus jefes y a participar sin cuestionarse en actos violentos, cuyos verdaderos motivos y fines desconocen.