Opinión

Martínez Verdugo, izquierda y PRI


 
 
La muerte del dirigente histórico del socialismo en la segunda mitad del siglo XX Arnoldo Martínez Verdugo vino a recordarle a todos los grupos autodenominados de izquierda las luchas pasadas contra los mitos ideológicos del priismo.
 
Pero también Martínez Verdugo se le aparece al PRD como el fantasma de las navidades pasadas, justo cuando este partido se encuentra hoy colocado en el furgón de cola del PRI a través del Pacto por México.
 
El líder que logró la legalización del Partido Comunista Mexicano en 1978 y lo llevó al Congreso en 1979 fue protagonista y testigo del largo y sinuoso viaje de la izquierda mexicana de regreso de su Estación de Finlandia, contrario al viaje de Lenin a Petrogrado para liderar la revolución de Octubre de 1917. La izquierda mexicana pasó por muchas estaciones: comunismo soviético, comunismo ortodoxo, comunismo aliado a la Revolución Mexicana, apoyo a la candidatura presidencial de Elías Calles, socialismo tradicional, socialismo eurocomunista, socialismo legal en el parlamento, socialismo social y no de clase, neocardenismo, neolombardismo y ahora neopriismo pactista.
 
La muerte de Martínez Verdugo debería de ser la oportunidad para que los herederos de la izquierda socialista mexicana revisaran en dónde se encuentran en la actualidad. Sin embargo, y pese a la formación en el materialismo histórico, la izquierda mexicana carece de memoria y menos aun ejerce la autocrítica. Y tiene sus razones: la izquierda mexicana en el PRD tiene más el retrato del Lombardo Toledano funcional al priismo que del Martínez Verdugo socialista.
 
El problema de la izquierda no se localiza en el tránsito de una ideología ni en los acomodos a las circunstancias, sino en las estaciones que toca. En Indicador Político del pasado 10 de enero se registró una de las principales conquistas ideológicas del PCM: "en el prólogo del libro Crisis política y alternativa comunista, Martínez Verdugo recuperó la gran hazaña del PCM que comenzó en 1957 una prolongada lucha 'teórica y política' por una posición propia: `romper con la ideología de la Revolución Mexicana, cuyo eje consiste en considerar al movimiento revolucionario de 1910-1917 como inagotable y al Estado mexicano ajeno a las clases y sus contradicciones'".
 
Hoy el PRD como el heredero legal del PCM -el primero usó el registro del segundo en 1989 para formarse- carece de ideología y forma parte del mecanismo corporativo del Pacto por México que depende de la acción política del PRI. El problema de fondo no radica en que el Pacto no sea bueno -en realidad es excelente-, sino que se encuentra en el hecho de que el PRD quedó privado de alguna propuesta ideológica -alguna idea-fuerza- por la sencilla razón de que los comunistas y socialistas del PCM se fueron transformando en neopriistas, neocardenistas y neolombardistas. A pesar de que buena parte de las propuestas del Pacto salieron del PRD, la capitalización fortalece al PRI en el poder.
 
De ahí que la muerte de Martínez Verdugo pueda ser la oportunidad para que la autodenominada izquierda haga una reflexión de origen y destino. El PRI estaría regresando a algunos de los valores ideológicos e históricos de la Revolución Mexicana que forman parte de su ADN e inclusive tendría todo el espacio para definirse como un partido socialdemócrata moderno por su pasado social. El PRD, en cambio, quedaría en el limbo ideológico porque el PRI se ha apropiado de la política social y de lucha contra la pobreza, luego de su periodo invernal neoliberal.
 
La incorporación del PRD al Pacto por México fue parte de su orfandad ideológica, de su pragmatismo de coyuntura y del caos ideológico en su conformación de grupos dispersos. Las propuestas del PRD para el Pacto fueron audaces, pero al final de cuentas hubo que pasarlas por el tamiz de la coincidencia con el PAN y el PRI. Y en este punto, al PRD le hace falta definir su propio addendum de puntos no incluidos en el Pacto o matizados para conformar una agenda paralela que no subordine, como en el PAN, a las bancadas parlamentarias a los intereses generales del Pacto; a menos que, al final de cuentas, el programa ideológico del PRI y del PAN sea el mismo que el del PRD.
 
Si de veras los perredistas quieren homenajear a Martínez Verdugo, entonces tienen en sus discursos y planteamientos una serie de propuestas de debate político e ideológico que redefinan el sentido de existencia de la izquierda en México. Pero resulta paradójico que el neocardenismo neopriista sea el dominante en el PRD y que haya sido el propio Martínez Verdugo el que diagnosticó con mayor precisión el error histórico del proyecto de Lázaro Cárdenas. Lo recordó Indicador Político el 10 de enero pasado:
 
Martínez Verdugo reconoció en 1976, antes de la legalización y cuando el PCM era perseguido por el gobierno priista que "la izquierda tiene 2 escenarios de acción: la política ideología y la política revolucionaria". Y si aceptó que Lázaro Cárdenas encabezó un gobierno de izquierda y realizó reformas de izquierda, dejó clara su crítica: Cárdenas "se detuvo en el punto que separa la reforma de la revolución. Para que la política de izquierda sea transformada en política revolucionaria hacía falta proceder a la ruptura del sistema, a la construcción de un régimen económico-social distinto, que ya entonces no era otro que el socialismo".
 
En este sentido, Martínez Verdugo se aparece en el PRD como un dinosaurio de la auténtica izquierda que definía sus características en función del análisis de la realidad y de la proposición de una alternancia ideológica y social al modelo priista. De todos modos, la burocracia perredista se ha visto generosa con referencias a Martínez Verdugo pero sin entender lo que representó en la vida política nacional en el periodo más duro del sistema político priista.
 
Queda como epitafio político la requisitoria de su compañera Martha Recasens: Martínez Verdugo fue "un hombre de principios; tiene una estatura moral que llega a incomodar a muchos, incluso a algunos que dicen seguir su ejemplo".
 
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