Belisario Domínguez, a 105 años
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Belisario Domínguez, a 105 años

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Belisario Domínguez, a 105 años

08/10/2018

Belisario Domínguez, a 105 años de su asesinato, es la figura más importante de la historia del Senado de la República. En él se concretan valores como el patriotismo, la convicción democrática y la valentía que deben estar presentes en todo legislador. Don Belisario enfrentó a un gobernante déspota y tirano como Victoriano Huerta, lo que le costó la vida. Pasó a la historia porque le dio sentido a la ideal del contrapeso y vigilancia del Poder Legislativo frente a la ilegalidad y ruptura constitucional de un gobernante usurpador.

Don Belisario llegó al Senado cuando el asesinato del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez acababa de ocurrir. Producto de estos sangrientos hechos es que Victoriano Huerta asume la Presidencia de la República.

A pesar del clima de terror desatado por Huerta, el senador chiapaneco Domínguez Palencia se mantuvo firme en sus convicciones y se resistió a reconocer al gobierno de Huerta. Para responder al informe de este gobernante conocido como “El Usurpador”, Belisario redactó un discurso en el que denunció que el texto de Huerta estaba plagado de mentiras y recalcó el origen golpista del gobierno:

“El pueblo mexicano no puede resignarse a tener por Presidente de la República a don Victoriano Huerta, al soldado que se apoderó del poder por medio de la traición y cuyo primer acto al subir a la presidencia fue asesinar cobardemente al presidente y vicepresidente legalmente ungidos por el voto popular”

Asimismo, en el texto, el senador chiapaneco acusó la campaña de terror y exterminio que había emprendido Huerta para acallar a sus opositores y mantenerse en el poder.

Este discurso no fue aprobado para ser leído, por lo que su autor decidió imprimirlo y repartirlo como una hoja volante. Días después, el 23 de septiembre de 1913, subió a tribuna. Llamó asesino a Huerta. Su palabras fueron impresas de nuevo como volante.

El 29 de septiembre, instó a los legisladores a restaurar el orden roto por el asesinato del presidente Madero y se propuso como comisionado para solicitar la renuncia de Huerta. La noche del 7 de octubre de 1913, Belisario Domínguez fue asesinado, a consecuencia de su lucha por la legalidad.

Las palabras de este emblemático senador no quedaron inscritas en el Diario de Debates, no obstante su ejemplo lo hizo pasar a la historia. El dictador Huerta, en cambio, es recordado como un personaje sanguinario.

En estos tiempos de la transición mexicana, figuras como la de Belisario Domínguez son indispensables. La legalidad democrática y su defensa deben ser los ejes rectores del nuevo Estado mexicano. Esa es la convicción de la ciudadanía que decidió emprender el cambio por la vía constitucional desde hace varios lustros.

Para ello es indispensable ir más allá de la formalidad. Afrontar el cambio implica también trasformar actitudes y comportamientos: defender la legalidad y la democracia en la tribuna legislativa pero también en la vida cotidiana; poner en el centro el respeto de los derechos y respetarlos efectivamente.

De eso depende la reconciliación que necesita el país, del respeto de los derechos de la totalidad de la ciudadanía, de conducirse con integridad y entereza.

Belisario Domínguez encarna la importancia de defender las ideas propias pero también la obligación de respetar las de los demás, y sobre todo, la voluntad de acatar el voto ciudadano y oponerse con firmeza a cualquier suplantación del mandato constitucional.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.