Opinión

MARIO RODARTE: Impuestos y subsidios

10 febrero 2014 5:1 Última actualización 10 julio 2013 5:25

 
 
Viene la discusión fuerte y esperemos que muy en serio, para la reforma fiscal, o hacendaria, dependiendo de los temas que incluya, y que deberá abarcar aspectos clave, con el objetivo de eliminar la dependencia de los ingresos públicos del petróleo, elevar la recaudación, reducir el gasto público improductivo y promover mayor equidad entre los contribuyentes.
 
Dentro de los instrumentos con que cuenta el gobierno para la consecución del objetivo están los impuestos, directos e indirectos, simplemente elevando la tasa aplicable a lo existente, o bien, diseñando nuevos gravámenes, incluyendo la parte importante que tiene que ver con la responsabilidad fiscal de las entidades federativas y municipios. Por otra parte está el gasto público, en el que han sido identificados muchos programas que aportan poco, o nada al crecimiento económico y por más que se defiendan por los diputados, poco contribuyen a elevar el bienestar de la sociedad, debido a que benefician sólo a un reducido número de personas o grupos.
 

Otra fuente de ahorro de gasto público sería realizar una reingeniería completa del sector público, eliminando duplicidades y áreas que estorban, homologando algunos puestos a efecto de reducir el número de personal y elevar la eficiencia del sector público, para realizar más funciones en menos tiempo y con menos personal.
 

Como se puede observar la tarea no será para nada sencilla, ya que cualquier aspecto que se toque involucra una gran cantidad de intereses y podemos asegurar que en la dirección que se quiera avanzar, siempre habrán grupos que protesten, de cualquier manera imaginable e incluso que amenacen con salir a las calles con sus machetes, como hemos visto en otras ocasiones. Para empezar, tomemos el caso de los subsidios y transferencias, como la tasa de IVA en alimentos y medicinas, la tasa en la frontera, o intentos por incorporar a los informales y otra serie de sátrapas que actualmente evaden el pago del impuesto. Según los cálculos oficiales, los recursos que se dejan de recaudar con esto superan los 2 puntos del PIB, y si de casualidad quienes van a trabajar el tema deciden elevar un poco la tasa, la ganancia en ingresos podría ser ligeramente mayor.
 
 
Quienes no pagan actualmente, sostiene la izquierda perdida en el espacio, son los pobres, por lo que de intentar reformar cualquiera de estos aspectos, sería un ataque directo contra los intocables pobres y todos los que se esconden detrás de ellos, que son la inmensa mayoría.
 

Simplemente con lo que los denominados ricos paguen una vez efectuadas las reformas, se pueden diseñar esquemas para compensar a los pobres supuestamente afectados. Veremos si algo se hace por este lado, aunque lo más probable es que se logre poco, o nada.
 
Siguiendo con el tema de los subsidios, a todo mundo, sea rico o pobre, le encanta recibir el subsidio que significa la gasolina barata, que ya no lo es tanto, aunque sigue su precio menor que en los mercados internacionales.
 

Aquí la idea sería borrar el subsidio y de paso establecer un impuesto ecológico al uso de la gasolina, lo que permitiría elevar la recaudación y de paso contribuir a que disminuya la emisión de contaminantes.
 
 
Dicen de nueva cuenta los izquierdosos que esto elevaría el precio del transporte público de personas y mercancías y que sería un ataque directo al bolsillo de los pobres. Pocos se han puesto a pensar la proporción del costo del transporte que significa la gasolina, pero si lo hicieran verían que elevando el precio del combustible sería un buen pretexto para sustituir equipos obsoletos e ineficientes por nuevas unidades muy eficientes y de bajo costo, lo que compensaría con creces el aumento en el precio y no habría pretexto para revisar tarifas a la alza.
 

Del gobierno depende proponer un plan para financiar la renovación de los equipos y la sustitución de unidades ineficientes, pudiendo utilizar para ello varios esquemas, desde te compro tu chatarra y pago bien, hasta plazos razonablemente largos y otorgamiento de garantías.
 
 
Como vemos, este sería un plan en el que todos ganan, nadie pierde, pero de nuevo, esperemos que alguien se anime.
 
 

Del lado de los impuestos directos, al parecer no hay opción aparte de regresar a un esquema fiscal para el tercer mundo; esto es, una tasa única de ISR, baja y universal, con pocos deducibles y adiós a los regímenes especiales y a la consolidación. Si los que no pagan son capaces de salir con sus machetes a las calles a boicotear los cambios, también podrán calcular y pagar su ISR.
 

Dentro de la responsabilidad fiscal de los estados, habría que pedirles eliminen el impuesto a la nómina, que castiga el empleo formal y darles oportunidad de que cobren varios puntos extra de IVA, que serían ingresos no acumulables para la bolsa a repartir y dentro de la bolsa, diseñar un mecanismo que sirva de incentivo para que aumenten sus ingresos, cobrando el agua y el predial.
 

Por cada peso extra de aumento, la federación les puede distribuir un porcentaje adicional, lo que haría que ningún estado necesitara recurrir al endeudamiento.
 

En seguida viene el aspecto gasto público, en el que aparte de una reingeniería del gobierno, para eliminar plazas, niveles, oficinas, formatos y cualquier cosa que signifique un desembolso, se deben revisar a fondo todos los programas de apoyo; desde el campo, que sigue siendo altamente improductivo, hasta los programas sociales, que no hacen más que sembrar la discordia entre partidos, con acusaciones mutuas de utilizarlos para comprar elecciones. Ciertamente son muchos los aspectos involucrados, pero las ganancias esperadas son mayores.
rodartemario@hotmail.com