Riesgos para las clases medias
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Riesgos para las clases medias

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Riesgos para las clases medias

10/05/2018

Uno de los fenómenos económico-poblacionales más relevantes de los últimos 20 años, posterior a la crisis de fines de los noventa, ha sido el incremento de los ingresos (y gastos) de las denominadas “clases medias”. Si bien no existe una definición precisa de dicho nivel socio económico, en general se le asocia con un nivel de ingreso y un poder adquisitivo familiar o del hogar intermedio que, en términos de la clasificación de la encuesta ingreso-gasto de los hogares, se sitúa en los deciles V al VIII (cada decil representa un 10% de la población total). A pesar de la pésima distribución del ingreso del país y los escasos avances para abatir la pobreza, el número de familias que hoy tienen posibilidades de adquirir o renovar bienes duraderos (automóviles, electrodomésticos, etc.), de hacerse de una vivienda propia, destinar parte de su gasto a esparcimiento y turismo, y a bienes de consumo no básico se ha incrementado significativamente.

Ese es precisamente el segmento de la población que tendría mayores afectaciones derivadas de un proceso de retroceso económico o de inestabilidad macro-financiera sostenida, que podrían resultar de un manejo deficiente de las políticas macroeconómicas y/o de un deterioro severo de las expectativas sobre el futuro de la economía.

La expansión y fortalecimiento de las clases medias se ha reflejado en diversos indicadores. Por ejemplo, en los últimos cinco años las ventas internas de automóviles se incrementaron 9.5% en promedio por año, las de aparatos electrodomésticos 10.5% y las ventas de casas nuevas en casi 8%. Asimismo, los servicios de entretenimiento aumentaron 5.7% a tasa anual y los viajes de mexicanos al exterior en 6.4%, con una expansión del gasto realizado de 1.6% por año. Asimismo, y es donde están los mayores riesgos, esos estratos de la población han recurrido a deuda para complementar sus ingresos e incrementar sus adquisiciones de bienes y servicios. Entre 2012 y 2017 el crédito total (bancario y no bancario) al consumo se incrementó casi 50% en términos reales; el canalizado vía tarjetas de crédito 19%; los créditos personales 42%; y el automotriz 31%. Para la vivienda, el crédito total aumentó 22% en ese periodo (31.5% el de la banca comercial) y el destinado a vivienda media residencial en más de 40%. Así, se trata de estratos de población que han incrementado su consumo pero, en buena medida, también su endeudamiento.

Un proceso de deterioro de la situación económica, real o esperado, previsiblemente se traduciría en menor expansión del crecimiento y del empleo, depreciación del tipo de cambio, mayor inflación y alza en las tasas internas de interés, entre otros fenómenos, lo que incidiría en toda la población pero de manera más acentuada en las clases medias. En ese contexto, las dudas que levanta Andrés Manuel López Obrador, el candidato puntero en las encuestas, se han profundizado: “ocurrencias” en políticas públicas, inviabilidad de múltiples propuestas en materia de ingresos y gastos gubernamentales, cuentas que “no cuadran”, contradicciones entre sus declaraciones y las de su equipo y, desde la semana pasada, una abierta confrontación con el sector empresarial que hace recordar malos momentos de los setentas.

Todo ello ya se reflejó en presiones al tipo de cambio, en lo que también incidió un complejo entorno internacional (apreciación del dólar, negociación del TLCAN, guerra comercial de Estados Unidos con Europa y China, etc.), que estará presente en el resto de este año, el que sigue y, previsiblemente, durante toda la administración de Donald Trump. Esa combinación, junto con movimientos de capital de inversionistas extranjeros (fondos) y un freno a las inversiones nacionales y del exterior ante la incertidumbre económica del país, podrían traducirse en veneno puro para las condiciones de consumo y de deuda de las clases medias, que podrían implicar un enorme retroceso en sus condiciones de bienestar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.