Pre-gobierno: de las ocurrencias a las falacias
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Pre-gobierno: de las ocurrencias a las falacias

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Pre-gobierno: de las ocurrencias a las falacias

11/10/2018
Actualización 11/10/2018 - 13:48

El presidente electo sigue en campaña. En su “recorrido de agradecimiento” por las entidades federativas continúan los ofrecimientos, algunos reiterados y otros nuevos, de programas y proyectos que cada vez le suman más al Presupuesto federal, que de origen parece no sumar. Los responsables entrantes en Hacienda deben estar vueltos locos. Al mismo tiempo, él y diversos miembros de su equipo ya se sienten gobernando, anunciando decisiones o dando instrucciones, evidentemente sin tener las herramientas ni las responsabilidades. Transición de gobierno inédita.

Los riesgos son que siguen prevaleciendo las ocurrencias de campaña, de la preelectoral y de la actual, pero ahora con el agregado de que en muchos casos su instrumentación se está haciendo o anunciando al vapor, para que sea la “nota del día” o para transmitir “lo efectivo y cumplido que será su gobierno”. Los ejemplos abundan: la decisión sobre la localización del nuevo aeropuerto (un día en Texcoco y al siguiente en Santa Lucía, con los agregados de ampliar los de Toluca, Puebla y Morelos); la construcción de la refinería en Tabasco, para la que se requieren más de 500 hectáreas aunque sólo se disponga de 70; no al sistema de fracking para la extracción de hidrocarburos, ya que “con sólo perforar como siempre se ha hecho sale petróleo”; la siembra de mil hectáreas de árboles soslayando todo el proceso productivo, desde la obtención de material vegetativo hasta la comercialización de los productos, eso sí con pago de “jornales sin precedente en el campo”, independientemente de si tiene o no sentido económico y productivo; y pasar de una Guardia Nacional a una Guardia Civil, integrando al Ejército, la Marina y la Policía Federal en un solo “cuerpo de paz”, resolverá los problemas de inseguridad y delincuencia organizada, pero sin presupuesto adicional.

En la instrumentación, las prisas pueden resultar muy costosas. La ridícula, por su falta de rigor, consulta sobre el aeropuerto (según se anunció, durante cuatro días, en 540 municipios, donde votarán entre 100 y 500 mil personas, organizada por “voluntarios” y sin claridad en las preguntas) puede derivar en el inicio de un periodo de incertidumbre y volatilidad financiera, como lo han comentado analistas nacionales e internacionales, que ya pusieron al aeropuerto como la primera decisión clave e indicativa de hacia dónde iría el nuevo gobierno.

Otras grandes obras de infraestructura, como la refinería tabasqueña y el Tren Maya “iniciarán en enero”, sin ningún tipo de planeación previa, ya no se diga con proyecto ejecutivo o análisis de viabilidad socio-económica, cuyo costo-beneficio y mecanismos de financiamiento no importan. ¿Pemex construirá la planta sin recursos humanos y financieros?¿Asociación público-privada en un tren de dudosa rentabilidad?¿Todo con costo al erario público?.

A ello se suma el multicomentado desastre y cancelación de los foros sobre seguridad pública. Habrá que ver si los de educación no siguen el mismo destino. Y qué decir del nuevo “censo” de beneficiarios de programas sociales que se levantará de aquí a diciembre con siete mil 500 voluntarios “para evitar intermediarios y otorgar directamente los apoyos” sin ningún rigor en los padrones.

Y de ahí a las declaraciones engañosas. Ahora resulta que el presidente electo no sabía, y ni su próximo secretario de Hacienda se lo dijo, que el nuevo aeropuerto requería 80 mil millones de pesos adicionales de recursos públicos, cuando desde su inicio se planteó que 40 por ciento del financiamiento provendría de esa fuente y el resto de colocaciones en los mercados financieros. O que se había cesado a un alto mando militar por pasarle información de Santa Lucía al nuevo equipo, lo que ya fue desmentido. Y, de paso, descalificaciones sin fundamento y gratuitas al INEGI y al Banco de México.

Pasar de las ocurrencias a las mentiras es fácil. Ya tenemos un ejemplo en nuestro vecino del norte. Esperemos que no sea el caso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.