Ocurrencias de (pre) campaña
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Ocurrencias de (pre) campaña

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Ocurrencias de (pre) campaña

28/12/2017
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ME Precandidatos. (Especial)
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Lo malo de las promesas o más bien ocurrencias de los precandidatos, que previsiblemente se acentuarán en las campañas formales, es el riesgo de que después quieran cumplirlas, al margen de su factibilidad económica o técnica. Eso lo estamos viendo con algunos candidatos que ganaron las gubernaturas en 2016 y 2017.

Hasta ahora, de las propuestas de los precandidatos presidenciales, dos se llevan la palma. La primera es la relativa a la renta básica universal que propone Ricardo Anaya, que consiste en otorgarle un subsidio mensual a todos los ciudadanos independientemente de su condición laboral y nivel de ingreso, aparentemente financiada con los recursos de los “más de seis mil 500 programas sociales que no cuentan con reglas de operación, padrón de beneficiarios, muchos están duplicados y en muchos hay enorme corrupción”. Más allá de los problemas de justicia en la distribución de ese ingreso (hay que recordar la pensión a adultos mayores de López Obrador en zonas de altos ingresos como las Lomas o Polanco, en la Ciudad de México), ni remotamente todos los programas sociales federales tienen las características que señala Anaya. No hay duda de que se requiere una cirugía mayor del Presupuesto del sector público y la redefinición de muchos programas sociales, pero esa no es la orientación correcta y mucho menos cuando no hay claridad sobre sus posibilidades de financiamiento y su efectividad. En ese sentido, vale la pena revisar el análisis de Santiago Levy en 'Buenas Intenciones, Malos Resultados' (Océano, 2008).

Esa estrategia de buscar 'rebasar por la izquierda' (aunque en el caso de Anaya la trae en el coche y hay que darle gusto) tiene sus bemoles. Sólo hay que recordar la intención de Calderón para construir una nueva refinería, cuya ocurrencia original fue de AMLO en la campaña de 2006, lo que implicó gastos inútiles de gobiernos estatales para ganarla y de Pemex para evaluarla, y acabó en la adquisición de un terreno en desuso en Hidalgo. Ello lleva a la segunda ocurrencia de estas precampañas. Aunque en el caso de López Obrador es difícil seleccionar la ganadora -garantizar educación universitaria a todos los jóvenes, becas permanentes a 'ninis', desaparecer la corrupción con su sola presencia, etcétera-, destaca por su necedad la construcción, no de una, sino de dos nuevas refinerías.

En un análisis reciente de las perspectivas de la industria de refinación en América Latina, elaborado por la consultora Arthur D. Little (ADL. Perspectives on the Latin American Refining Industry, September 2017), se apuntan los principales problemas y retos para México en este sector. El país es el mayor importador de gasolina de la región (actualmente más de 60 por ciento del consumo total) debido a que las refinerías cada vez operan a niveles inferiores a las tasas de utilización óptimas como resultado del desbalance entre la mezcla de demanda
—cada vez más petrolíferos ligeros como gasolinas y diésel, y menos pesados como combustóleo y diésel marino; además se demandan combustibles de mayor calidad y bajo contenido de azufre— y la configuración de las plantas, ya que varias refinerías no se han modernizado hacia lo que se denomina 'conversión profunda'.

Otro problema que señala ADL es la complejidad para obtener el fondeo financiero para nuevos proyectos; en particular, para México y América Latina donde los costos de diseño y planeación han sido entre 10 y 20 por ciento más elevados que en la costa del Golfo de Estados Unidos, a lo que se suman grandes deficiencias en el manejo de los proyectos. Ello en un marco de escasa vinculación de la industria refinadora con la petroquímica, cuyo valor agregado es fundamental para la rentabilidad de la primera. Así, en vez de dos nuevas plantas, ¿por qué no instrumentar los permanentemente pospuestos proyectos para modernizar la industria mexicana? ¡Eso no da votos!.

Esa será la tónica de las campañas. Lo que nos falta por ver en 2018. ¡Feliz año (y mucha paciencia) para todos!

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* El autor es socio de GEA, Grupo de Economistas y Asociados.

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