El segundo lugar sí importa
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El segundo lugar sí importa

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El segundo lugar sí importa

28/06/2018

A diferencia del mundial de futbol, en el que el equipo que queda en segundo lugar (casi) nadie se acuerda, ya que lo importante es ser campeón, en las próximas elecciones para la presidencia el “subcampeonato” sí es relevante. Además de la posibilidad de atraer el “voto útil” en la jornada electoral, ello explica las estrategias de campaña, descalificaciones y ataques entre Anaya y Meade. De acuerdo con el último análisis elaborado por GEA-ISA sobre “México. Política, Sociedad y Cambio: Escenarios Políticos” que se presentó el lunes pasado, encuesta incluida, las preferencias efectivas (asignando 20% de indecisos) corroboran la ventaja de AMLO (44%), el segundo lugar de Anaya (26%) y el tercero de Meade (26%), pero en el que el primero pierde dos puntos, el segundo uno y el candidato del PRI remonta cinco puntos con respecto a la medición de fines de mayo (se puede consultar en www.structura.com.mx/gea). Las preferencias brutas, esto es sin asignar indecisos, son: AMLO, 35%; Anaya, 23%; Meade, 21%; el Bronco 1%; y el resto corresponde los que no manifestaron preferencia.

Como analiza GEA, esa escasa diferencia por el segundo lugar —dentro del margen de error estadístico— se explica por varios factores. Primero, porque el conflicto PRI-PAN fue dominante para buscar una alternativa frente a AMLO, como lo consigna Salvador Camarena en su columna del martes pasado, desde las acusaciones de corrupción y lavado de dinero a Anaya hasta las amenazas de éste de meter a la cárcel al presidente Peña Nieto. Lo que parece innegable es que los ataques al candidato de Por México al Frente rindieron frutos. Segundo, la campaña de esa coalición fue lamentable con un candidato alejado de la ciudadanía y cuya una de sus características parece ser el incumplimiento de acuerdos (algunos lo denominan traición); asimismo, quedó clara la complejidad de intentar la unión de dos posiciones antagónicas, que ha derivado en que su candidato no capte simpatías de uno ni otro lado. Tercero, en las últimas semanas el PRI realizó una intensa campaña “de operación en tierra” y Meade, ya sin recato, buscó acercarse a los liderazgos y bases priistas locales e involucrar a todo el PRI, lo que busca minimizar las pérdidas en elecciones legislativas, distritales y municipales, aunque más de 40% de la población afirma que nunca votaría por ese partido para la Presidencia. Mientras que Anaya dio una prioridad similar a su participación en medios de comunicación, reuniones con diversos grupos y mítines multitudinarios, AMLO y Meade claramente se dedicaron a reuniones masivas con simpatizantes.

No hay duda que la disputa por el segundo lugar dificulta el movimiento hacia el voto útil, más bien tiende a fragmentarlo, pero es relevante ya que puede alterar la distribución de posiciones en las cámaras de diputados (federal y locales) y senadores y en presidencias municipales. También modificará las perspectivas postelectorales al interior de los partidos políticos. En ese sentido, de acuerdo con una estimación de GEA-ISA de los máximos y mínimos de curules en el Poder Legislativo Federal, la coalición del PAN podría obtener entre 27 y 36 posiciones en el Senado, la del PRI entre 30 y 41 y la de Morena entre 52 y 66. Ese máximo implicaría mayoría no calificada en esa Cámara (se requieren 65 escaños). Para diputados, las estimaciones señalan: 128-161 curules para la coalición del PAN; 104-131 para del PRI; y 221-261 para Morena, con lo que esta coalición se ubicaría muy cerca de la mayoría en esa cámara (251 diputados). Por otra parte, la cuentas pendientes entre militantes y qué grupos se quedarán con el control de los partidos, o lo que quede de ellos, dominarán el contexto político después de las elecciones.

Los balances resultantes de la elección en los ámbitos político y económico serán significativos, y no sólo por quién gane y si hay o no conflictos posteriores, sino por el que ocupe el subliderato.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.