¿Diversificar importaciones agroalimentarias?
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¿Diversificar importaciones agroalimentarias?

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¿Diversificar importaciones agroalimentarias?

08/03/2018
Actualización 08/03/2018 - 13:49

El martes pasado en el Foro EF AGRO organizado por EL FINANCIERO, el Consejo Nacional Agropecuario y la empresa Monsanto se analizaron, entre otros temas del sector agropecuario, diversos aspectos de las renegociaciones de los tratados de libre comercio. Por sus implicaciones para México, destacó el de América del Norte, pero también la modernización del signado con la Unión Europea y el que se firmará con los países del Pacífico, ahora denominado TPP-11. Como mucho se ha hablado y poco ejecutado, ahí se plantearon las oportunidades que significan esos acuerdos para diversificar las exportaciones agroalimentarias mexicanas (más de 85 por ciento se destina a Estados Unidos) en un marco en que las negociaciones 'salgan bien'. Es claro el potencial de frutas (aguacate, berries, plátano), hortalizas (pimientos, chile, pepino) y pecuarios (carne de res, miel) en los países europeos y todo tipo de carnes (incluyendo cerdo y pollo) en los asiáticos. Ese potencial ahí estará; habrá que aprovecharlo.

Sin embargo, poco se ha dicho de la diversificación de las importaciones mexicanas, aún y cuando los riesgos asociados a 'malas negociaciones' o a la cancelación de los acuerdos (en especial el TLCAN) implicarían problemas y riesgos similares, desde luego, en función de las medidas comerciales que adoptara México ante ese escenario. Recientemente se anunció que en 2017 el país importó maíz proveniente de Brasil ante las preocupaciones sobre el suministro de ese grano proveniente de Estados Unidos y como 'una medida de presión' (si es que ello existe) al gobierno y a los productores estadounidenses. El caso de este grano es ilustrativo, ya que es el principal producto agropecuario importado por su valor e importancia en diversas cadenas productivas (sobre todo las pecuarias, como alimento para ganado) y las importaciones representan aproximadamente 30 por ciento del consumo nacional, considerando maíz blanco y amarillo.

Desde hace varias décadas, la inmensa mayoría de las importaciones de maíz proviene de Estados Unidos: antes de que hubiera TLCAN, cuando rondaban entre uno y dos millones de toneladas por año; ya con Tratado (en 1995-2000 se situaron en 4.5 millones en promedio anual); en el periodo de apertura gradual para los 'productos sensibles' que incluyó al maíz (6.7 millones de toneladas por año en 2001-2008); y ya en la apertura total (9.7 millones en 2009-2016), hasta alcanzar más de 14 millones de toneladas anuales en 2016 y 2107. Los casos de importaciones de maíz de países distintos de Estados Unidos sólo se han registrado en 2011 y 2012 (un millón de toneladas al año) provenientes de Sudáfrica y como consecuencia de la severa helada que afectó la producción de maíz blanco de Sinaloa en febrero de aquel año, y las compras recientes a Brasil y Argentina que representaron 3.4 y 0.5 por ciento de las totales en 2017, respectivamente.

Las ventajas en costos y logística de importar granos y oleaginosas, así como productos lácteos de Estados Unidos son evidentes, pero sobre todo ponen de manifiesto la elevada complementariedad de los sectores agropecuarios entre los dos países, con o sin Tratado. Difícilmente los consumidores estadounidenses y canadienses prescindirán del aguacate, las berries, el tomate, la carne de res y de otras frutas y hortalizas mexicanas, por no hablar del tequila o la cerveza; lo mismo sucede para México con el maíz, el trigo, el arroz, la soya y la leche. Tal vez con la cancelación del TLCAN lo que se observen sean mayores precios de los productos comerciados (y para el consumidor), más restricciones no arancelarias en ambos lados, y una mayor complejidad en el comercio. La realidad señala que la diversificación comercial, claramente deseable, se anticipa como muy poco factible a corto plazo. Se requerirá mucho más que buenos deseos, importaciones marginales o amenazas veladas.

Felicito a EL FINANCIERO, no sólo por el éxito del Foro AGRO, sino por su atención a uno de los sectores clave de la economía.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.