En la vida todo cambia. Hasta las políticas de redes sociales
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En la vida todo cambia. Hasta las políticas de redes sociales

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En la vida todo cambia. Hasta las políticas de redes sociales

06/06/2018

No es teoría de la conspiración. El 25 de mayo pasado la Unión Europea puso en marcha el nuevo Reglamento General de Protección de Datos, que aunado al escándalo de manipulación de información de Cambridge Analytics y su acceso a los datos de los usuarios de Facebook, justifica que todos se hayan curado en salud (o puesto sus barbas a remojar).

Twitter, Facebook, Instagram, WhatsApp y hasta Gmail han mandado millones de mensajes, avisándole a sus usuarios sobre modificaciones a sus políticas por lo que estos cambios no solamente se harán en Europa, poco a poco llegarán al resto de los países, hasta convertirse en políticas globales.

El Reglamento se centra en dos principios: el primero es que las empresas necesitan nuestro consentimiento para recopilar los datos y el segundo, que debemos exigirles que compartan solo aquellos datos que sean necesarios para que sus servicios funcionen.

Entre los cambios más relevantes se encuentran los de Facebook, que ahora pide consentimiento explícito a funciones como el reconocimiento facial en fotos y videos. Twitter anunció que se puede controlar más claramente cómo se comparten nuestros datos con sus socios comerciales y Google reportó la mejora de la forma en que describe las políticas, las prácticas y las explicaciones sobre actualización, administración, exportación y eliminación de sus datos.

Las empresas ahora estarán obligadas a avisarnos, también, qué hacen con nuestra geolocalización, y en vez de asumirlo, nos deberán preguntar expresamente si queremos compartir los datos.

¿Qué deberíamos esperar? Que dejemos de ser el producto. Así como Spotify cobra suscripción para que podamos oír música sin anuncios, las redes sociales deberían hacer lo mismo en vez de promover la propaganda y las fake news disfrazadas de publicidad, y el siguiente, el derecho al olvido.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.