'Los políticos debemos oler a pueblo, no a Chanel' : Germán Martínez
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'Los políticos debemos oler a pueblo, no a Chanel' : Germán Martínez

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'Los políticos debemos oler a pueblo, no a Chanel' : Germán Martínez

13/04/2018
Actualización 13/04/2018 - 11:15

Marcharse de Quiroga era casi forzoso. En el pueblo sólo había escuela primaria. Los niños lo abandonaban para estudiar la secundaria o para cruzar al otro lado. Por fortuna, sus padres, abarroteros, podían pagarle el internado en Guadalajara con los padres lasallistas.

Germán Martínez se fue pronto, pero su voluntad es terminar sus días ahí, muy cerca, en la isla de Janitzio. En el lago de Pátzcuaro descansan sus muertos, dice. “Ahí venero a Morelos, a Vasconcelos, a Castillo Peraza”.

El expresidente del PAN sostiene que a nadie que lo conozca debe sorprender su reciente adhesión a las filas lopezobradoristas porque se ha fugado de varias de sus posibles vidas. “He tratado de romper esquemas y dejar el confort. No soy de los que actúan conforme al librito”.

Quizá la rutina debió llevarlo a la Universidad Michoacana; sin embargo, se mudó a la Ciudad de México en agosto de 1985. El miedo –por el temblor y un asalto a mano armada– lo devolvieron brevemente a Quiroga. Lo intentó de nuevo y años después, se tituló de abogado en la Universidad La Salle.

Por su amigo Benjamín Romero (hermano de Cecilia) entró a trabajar en el PAN. Para entonces ya era militante y se enroló de inmediato en la campaña de Diego Fernández de Cevallos. El partido lo hizo diputado.

“Pero me fugué de nuevo, a España, para estudiar una especialidad en derecho constitucional en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, y un doctorado que no terminé”.

Fue representante de Fox ante el IFE, diputado por segunda vez y secretario de la Función Pública con Calderón. Y dirigente nacional del PAN. “Después de seguir a Carlos Castillo Peraza, ése era mi sueño. Yo no soy calderonista, soy castillista. Si he tenido un grupo, ha sido ése”.

Pronto, el sueño dio entrada a la pesadilla. Martínez se hizo responsable del tajante fracaso de Acción Nacional en la elección intermedia de 2009 y renunció a la dirigencia. Permaneció casi diez años fuera del ámbito público. “Construí el patrimonio que me dio la autonomía para fugarme de nuevo y apoyar el movimiento de López Obrador, en el que tengo un deber cívico por cumplir”.

-¿Te fugas o evades?

-No es el caso; hay un mar de fondo aquí. Me equivoqué antes. No escuché como debí haber escuchado… Los representantes populares debemos oler a pueblo, no a Chanel. Quiero estar cerca de la gente como no lo estuve antes. En esa proximidad ha dado un ejemplo de vida constante y permanente Andrés Manuel López Obrador.

-¿Te lastima que te digan converso?

-No. Tengo la piel dura. Tampoco me lastima que me digan sapo. Que Paco Ignacio Taibo y yo estemos juntos en el mismo movimiento es un éxito de Andrés Manuel. Matías de Monteagudo torturó a Morelos y firmó el acta de Independencia; Iturbide peleó contra Morelos y firmó el acta de Independencia. Manuel Gómez Morín trabajó para Plutarco Elías Calles y fundó el PAN. Los conversos somos un incomprendido motor de la historia. Yo le pido perdón a quienes haya lastimado con mis fugas, con mis dudas, con mis conversiones. No era mi intención, pero si me voy a equivocar quiero que sea del lado de la mitad de los mexicanos que viven en la pobreza. Quiero levantar la voz por ellos, sin temor a que me llamen populista o traidor.

Martínez será senador. Cuesta pensar que pueda coordinar la bancada de Morena en el Senado…

-Casi tanto como cuesta imaginar que Martí Batres sea tu coordinador, por decir alguno.

-Sé ser soldado y sé ser general. No me interesan las medallas ni las glorias personales. No quiero ser gobernador de Michoacán; quiero que el movimiento de Andrés Manuel no le falle a la gente, como le falló Fox. No conozco a todos los que serán mis compañeros de bancada, sólo les pido un margen para convencerlos de mi verdad, y estoy dispuesto a que me convenzan de la suya. Ha sido bonito reencontrarme con dos o tres adversarios contra los que luché políticamente y descubrir que tenemos algo en común, por ejemplo, el propio Martí Batres.

-Eso lo pudiste haber encontrado antes, no tenías que cambiar de bando.

-Como adversarios pudimos haber negociado y pactado, como se hace en el Congreso. Pero lo encontramos como correligionarios.

-Desconfían de ti los unos y los otros. ¿Dónde estás parado?

-Es verdad que hay incomprensión en todos lados. No he dejado de ser panista ni ha nacido el nuevo morenista. Sin embargo, creo que con hechos, actitudes y sobre todo compromiso, ganaré mi nuevo lugar. Me siento incomprendido, pero al mismo tiempo tengo la certeza de que se agotó el sistema de partidos como lo conocemos: PAN, PRI, PRD se convertirán en otra cosa y Morena tendrá que ser partido político con López Obrador en la presidencia de la República. Está naciendo una nueva forma de agregación política mexicana y yo quiero participar en ella. Los independientes son otra expresión de ello, y los tránsfugas y los conversos también somos parte de esa nueva cosa.

-¿Cómo sería el Congreso al que te gustaría volver?

-Un Congreso que debata, que razone, que pacte.

-¿Un Congreso sin mayoría?

-Un Congreso que se deje convencer por el presidente López Obrador, pero que también convenza y camine con él; que no obstaculice, como de manera mezquina lo hizo el PRI. Que no sea cómplice, que sea contrapeso, que haga rendir cuentas, esa función tan perdida entre moches, privilegios y fuero. No quiero volver al Parlamento de tráfico de influencias y de complicidad entre los poderes; quiero volver a un Congreso culto, cuya tarea principal sea la reconciliación de México, un Congreso en el que nos reconciliemos políticamente los distintos, donde nos reconciliemos económicamente los más desfavorecidos con los más privilegiados, donde nos reconciliemos con una opinión pública con una libertad absoluta de opinar. Ahí es donde quiero estar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.