'La dinámica de los partidos no es mi pasatiempo favorito'
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'La dinámica de los partidos no es mi pasatiempo favorito'

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'La dinámica de los partidos no es mi pasatiempo favorito'

26/01/2018
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Nadie en su familia la condujo por el sendero de la política. Sin embargo, tanto en casa como en la escuela le transmitieron lo que ella llama una “preocupación social”.

Durante su adolescencia, por lo menos una vez al mes, visitaba orfanatorios y asilos en Hidalgo y Querétaro con las monjas del Colegio Regina. “Vi a niños como yo que no tenían nada, que vivían en condiciones más que precarias” y a partir de entonces, a los catorce, Gabriela Cuevas se comprometió con el trabajo comunitario, aunque pintó su raya con la religión. “Ese tema todavía no está superado; tengo profundas crisis de fe”.

Cuando expresó su inquietud por la política, dos amigos de su padre la acercaron uno al PRI y otro al PAN. En una junta distrital del segundo, en 1994, encontró a jóvenes como ella que organizaban una colecta de víveres para pobladores de la Sierra Tarahumara. “Embonó perfecto con mi actividad y mi inquietud”.

Hace ya más de veinte años le fue expedida la primera credencial que la acreditaba como panista. Esta semana dejó de serlo, para sumarse a las huestes de Andrés Manuel López Obrador, y pintada de Morena, ocupará una diputación en la próxima Legislatura.

Cuevas es licenciada en Ciencia Política por el ITAM. Quería estudiar un doctorado en Estados Unidos al graduarse, “quería una vida más pacífica que la de la grilla”, pero su promedio no era el mejor y agotaba su tiempo la Secretaría de Acción Juvenil del PAN.

Fue suplente de César Nava en la Cámara de Diputados y, en el 2000, cuando Vicente Fox ganó la presidencia, Cuevas ocupó el escaño que Nava dejó vacante. Se lo había ganado. Entre sus méritos de campaña destacaron sus ataques a Andrés Manuel López Obrador. Ahora, Fox la regañó por cambiar de camiseta. “Qué mal te ves”, dijo con cinismo el primer presidente tránsfuga, que no sólo no mató al PRI al ganar la presidencia, sino que terminó su carrera política como priista de facto.

A los veintidós años, Cuevas fue diputada federal. “Nadie te prepara para eso”, confía. “Nadie te explica de qué se tratan las comisiones, nadie te dice por qué es importante subir a tribuna. Nadie te dice nada. Aprendí mucho, pero me merecía mejores oportunidades. Me hacían a un lado porque estaba chava”.

La senadora –ahora independiente– es vegana, es nadadora y es disciplinada. Lo ha sido desde que descubrió que un viejo dolor de espalda respondía a una fractura de un disco vertebral. Y ella está abriéndose a golpes las oportunidades.

El año pasado una centena de embajadas mexicanas en el mundo recibieron de la oficina de Luis Videgaray un cable con instrucciones para que Cuevas encabezara la Unión Interparlamentaria.

Cuevas asegura que los cargos en los que se ha desempeñado han sido fruto de las circunstancias, que nunca ha buscado ninguno, salvo la candidatura a jefa de Gobierno del Distrito Federal, que le fue negada.

“La única vez que dije ‘quiero’, se me frustró. El entonces presidente Calderón designó a Isabel Wallace. Amo mi ciudad y me encantaría gobernarla, pero no puedo perder una sana dosis de realidad y sé que el padrón interno de militancia del PAN está claramente inflado. Ese no es el mejor caldo de cultivo en proceso democrático. Sé que la candidatura está cuesta arriba”. No es del todo preciso en lo que toca a su cargo internacional.

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Cuevas es una mujer dispersa. No puede leer un solo libro a la vez, y mucho menos si es una novela. Es ajena a la televisión.

“Después de la diputación federal –cuenta– me concentré en construir mi carrera política. Busqué ser diputada local, pero después renuncié a proponerme como meta llegar a otro cargo. Simplemente, ha sucedido”.

A lo que dice que renuncia de antemano es a ocupar un cargo partidista. “Aunque los he ocupado, no soy fan de esas posiciones. No me considero una mujer de partido; la dinámica interna no es mi pasatiempo favorito”.

La administración de Gabriela Cuevas en la delegación Miguel Hidalgo fue controversial, por decir lo menos. Aunque su propio balance, afirma, es satisfactorio, Cuevas dice que su vida personal sufrió el cargo.

“Emocionalmente tenía su costo porque no quedaba bien con nadie, hiciera lo que hiciera. Este es un país de intereses, de prebendas, de amiguismos, así que perdí familia y amigos, porque todo el mundo espera que los favorezcas de alguna forma. En Miguel Hidalgo aprendí que es cierto que los amigos son de mentiras y los enemigos de verdad”.

Ahora ha perdido su militancia.

El año pasado -le comenté- su carrera política, siempre ascendente, parecía estancada a futuro. Respondió entonces:

“Algo que he aprendido bien es a preguntarme qué quiero. Los cargos que he ocupado llegaron por distintas coyunturas, pero no fueron parte de un plan estratégico; yo no soñaba con ser delegada. Hacer campaña en la Miguel Hidalgo teniendo a Andrés Manuel en la boleta fue brutalmente complicado. Después me presionaron para que fuera diputada porque el PAN no estaba bien en encuestas. Cada vez que critican mi gestión recuerdo que tres veces me han elegido los mismos ciudadanos. Entonces he optado por cambiar mis temas, por diversificarme, como lo he hecho en el Senado. Por eso busqué presidir la Comisión de Relaciones Exteriores. Seguiré en lo de plantearme el 'qué quiero' antes del 'qué toca'”.

Por lo pronto, está a punto de obtener lo que quería.

Twitter: @scherermar

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.