Opinión

Margarita cimbra a Anaya

    
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Hiriart

¿Qué pasó?

¿No que Margarita se iba a desinflar con su salida del PAN?

¿No que era sólo reconocimiento de nombre por haber sido primera dama?

¿No que estaba arriba sólo por ser la cara más conocida de los precandidatos del PAN?

La encuesta de EL FINANCIERO publicada el lunes puso al Partido Acción Nacional ante su realidad, por encima de especulaciones y cuentas alegres.

Con Ricardo Anaya como candidato presidencial, se van al tercer lugar.

Y con Margarita Zavala quedan empatados con López Obrador en la cima de las preferencias.

Anaya, tercero. El golpe es brutal, porque es por mucha la diferencia.

Si el Frente lleva a Margarita como candidata tiene un piso de arranque de 31 por ciento de intención de voto, y López Obrador 32, tras 15 años en campaña.

En cambio, si el candidato es Ricardo Anaya, el Frente baja a 19 por ciento, contra 32 de AMLO y 24 del priista Miguel Ángel Osorio.

Margarita sola, independiente, levanta de entrada 16 por ciento de los votos, contra 19 de Anaya que tiene la marca PAN-PRD-MC detrás.

Se equivocaron los jerarcas blanquiazules. Zavala no se cayó ni era un invento fatuo de la mercadotecnia, simplemente porque no la ha tenido.

Incluso entre la población simpatizante del PAN, partido al que Margarita renunció, la intención de voto le favorece a ella: 38 por ciento para Zavala, 24 para Anaya, seguido ya muy de cerca por Rafael Moreno Valle con 19.

Menospreciaron a Zavala por soberbios, y no entendieron nunca la razón de su arraigo en las preferencias de los panistas y de los ciudadanos.

Margarita está arriba porque es conocida, sí, pero hay muchísima gente conocida.

El motivo de la supremacía de Zavala sobre Anaya es que se trata de una mujer sencilla e inspira cercanía, con la que se puede hablar si se la encuentra uno en la calle, sin pretensiones de estrellato ni de rock star.

Lo que parece estar buscando la población es eso: 'gente como uno'.

Anaya es todo lo contrario. Un joven maravilla que irradia rencores, enojos apenas contendidos en el timbre de su voz, al que daría miedo acercársele por lo improbable de su reacción.

Tuvo por varios años a su familia viviendo en Estados Unidos, en muy buenas condiciones, y él la visitaba los fines de semana.

Lo anterior puede ser muy legítimo, pero no ayuda a un aspirante presidencial.

Anaya no pertenece al común de los mexicanos. Tiene otros hábitos de vida y sus parientes cuentan con múltiples negocios.

Eso no tiene nada de malo, felicidades, pero lo aleja del sentimiento del votante medio que no quiere un virrey en la presidencia.

Ese halo de superioridad que él se pone, es su peor veneno. Lo llevó a menospreciar a Zavala y la realidad le devolvió un bofetón como respuesta.

Si Anaya no recapacita va a hundir al Frente –en caso de que se materialice– y va a hundir al PAN.

Tiene un partido a su disposición, ha contado con un millón y medio de spots en radio y televisión, y las encuestas, con todo y Frente, lo ponen en tercer lugar.

Pero no sólo va a hundir a los suyos y a sus nuevos amigos (Dante, Barrales y compañía), sino que también va quitarle a los mexicanos una alternativa democrática por la cual votar frente a López Obrador.

La encuesta de EL FINANCIERO, por cierto, es nacional, levantada en vivienda entre el cinco y el 10 de octubre, y refleja el contexto posterior a la salida de Zavala del PAN.

Anaya y el Frente están en problemas.

Twitter: @PabloHiriart

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