Opinión

Marfa, Texas

   
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Donald Judd

En 1971, el artista norteamericano Donald Judd, iniciador del minimalismo, mudó su estudio de Nueva York a un remoto pueblo llamado Marfa, al oeste de Texas, a dos horas aproximadamente de El Paso, muy cerca de Ciudad Juárez, México.

“Elegí el pueblo de Marfa porque era el más hermoso y práctico, alquilé una casita ... Tres meses más tarde, un amigo y yo, junto con mi hijo, condujimos un camión lleno de arte rumbo a Texas y lo descargamos en la casa y el garaje”. Donald Judd, 1985.

Desde mis tiempos de estudiante de arte, cuando oí por primera vez sobre Judd y Marfa, quise visitar este recóndito lugar, meca del arte contemporáneo. Hace dos semanas, por fin lo visité. Manejando desde El Paso, el paisaje desértico, amplio y solitario, responde la interrogante de por qué uno de los artistas más importantes de Norteamérica abandonó el epicentro cultural de la ciudad de Nueva York para habitar el páramo; Judd encontró en Marfa el lugar idóneo para la contemplación pura, sin que ningún elemento urbano, arquitectónico o moderno se interpusiera ante una real experiencia de apreciación de su arte. La idea de Donald Judd era crear un complejo de piezas de gran escala montadas permanentemente, sin el formato de “exposición temporal” o museo, que implica una rotación de obra.

Fue así que compró el terreno de la base militar D.A. Russell, lo llamó Chinati Foundation, y dispuso de los pabellones que ya existían en el lugar para invitar a distintos artistas a realizar obra específica para el sitio. En lo que antiguamente eran armerías y hangares, ahora se alojan obras de Dan Flavin, Carl Andre, Claes Oldenburg; la nostálgica instalación del ruso Ilya Kabakov. Es curioso que la fundación Chinati tenga un hilo conductor sui géneris con Islandia: está el pabellón que aloja la obra del artista islandés Ingólfur Arnarsson, el pabellón de Roni Horn -quien también pasa la mitad del año sola en un faro, en aquella tierra- o la escultura en exterior de Richard Long, hecha de piedras islandesas; curiosamente es una conexión con otro lugar donde parece que lo que más pesa es el paisaje. Judd aprendió islandés ya grande, y le gustaba traducir al inglés leyendas de ese país.

La obra de Donald Judd ocupa un par de hangares con 100 piezas de aluminio, emblemáticas esculturas del minimalismo americano que exaltan la reducción formal con nuevos materiales y procesos industriales, pero que en Marfa, reflectan el paisaje y las cambiantes condiciones climáticas; son continuos espejos del árido y abrasante sol desértico o de las sorpresivas tormentas.

En el exterior, Judd construyó 15 monumentales esculturas cúbicas de concreto que delimitan la propiedad. Durante la puesta de sol y no teniendo más a la vista sino estas estructuras, el cielo y las montañas Chinati, puedes entender cómo el minimalismo no sólo era una oda al proceso industrial, sino el acoplamiento de la materialidad en el espacio, sin ilusionismo ni interpretaciones. Un cubo hueco de concreto en medio del desierto de Texas, materia pura natural o transformada por el hombre, nada más.

Donald Judd adquirió, como era de esperarse, casi todos los edificios importantes del pueblo. Entre estos recintos se encuentran La Manzana, los estudios de arquitectura, el estudio de Judd, el enorme hangar donde se exhiben piezas de John Chamberlain o el lugar donde albergaba su propia colección de arte.

Marfa es un pueblo muy pequeño, si acaso del tamaño de la San Miguel Chapultepec, en donde viven aproximadamente 2 mil habitantes. Evidentemente el proyecto de Judd es ahora la fuente económica más importante de la comunidad.

Galerías, programas de residencias, comisiones artísticas, proyecciones de cine y una fuerte escena local han hecho de Marfa un centro importante en el arte contemporáneo. Pero el actual estigma de la migración ilegal contrasta con el espíritu del sueño de Judd; la presencia omnipresente de la Border Patrol, y la convivencia que se genera entre paisanos, oriundos y vigilancia policiaca, vuelven aún más extraño al pueblo texano, tan extraño como las misteriosas luces por las que también es famoso el lugar.

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