Opinión

Marcos: denme por muerto

Después de leer la carta en la que el subcomandante Marcos anuncia su retiro, no queda más alternativa que darle la razón: necesita abandonar todo y ponerse cuanto antes en manos de un psiquiatra para tratarse los males que refleja en su alocución de despedida.

Dice que fue un “gran truco” de su parte “simular una enfermedad terminal” y “alentar esos rumores”. En otras palabras, lo de su retiro también puede ser mentira.

Por eso a Marcos ya no le hacen caso en San Andrés Larráinzar, donde la comunidad está dividida en dos, partida por una línea estilo Muro de Berlín, donde de un lado viven los zapatistas y del otro los exzapatistas.

Lo de su “despedida”, a estas alturas, dejó de ser trascendente. Ni en La Jornada le dieron la noticia principal al anuncio de la desaparición del jefe político de un movimiento que se alzó en armas para instaurar en México una república socialista.

Importa lo que queda de sus 20 años como cabeza del EZLN en Chiapas.

La pobreza alimentaria creció en los municipios autónomos zapatistas. Golpea a 80 por ciento de sus habitantes.

Ahí donde se firmaron los “Acuerdos de San Andrés” hay una parte donde manda la Junta de Buen Gobierno, del EZLN, y en la otra hay autoridades electas, exmilicianos que quieren recibir la ayuda de los programas sociales del gobierno del estado y del federal.

Quieren recibir el apoyo porque lo necesitan: más de 80 por ciento de la población está en pobreza alimentaria, es decir, padece hambre.

Donde mandan las juntas se impide el libre tránsito de las personas.

La educación en esas comunidades se rige por una pedagogía extraña, y las calificaciones las pone “el pueblo”. De esa manera los niños zapatistas carecen de oportunidades para prepararse en una escuela.

A los niños se les ve en los poblados con muñecos de Marcos, Tacho y Ramona, los que venden a cinco pesos a los practicantes del turismo revolucionario.

En la zona zapatista no se les permite a sus habitantes salir de la comunidad para trabajar en otros lados. El que lo hace, es expulsado del lugar donde están sus raíces.

Para ingresar a un municipio autónomos se necesita un permiso de la Junta de Buen Gobierno.

Incluso quien quiere tomar una foto a la distancia necesita un permiso especial de la Junta de Buen Gobierno.

Eso les dejó el EZLN. Ahí está el legado de Marcos.

Pero lo que vemos en Chiapas no es sólo el fracaso del subcomandante Marcos, que ayer se dio por muerto, sino también de los gobiernos local y federal.

En Chiapas se han invertido miles de millones de dólares en los últimos 40 o 50 años, y la pobreza extrema persiste.

Corrupción, mala administración, ocurrencias dispendiosas.

Conflictos derivados de la influencia de iglesias y sectas que proliferan en la entidad que tiene la mayor tasa de natalidad del país.

Demagogia al momento del reparto de la tierra; falta de recursos para apoyar la producción; alcoholismo; violencia interreligiosa.

Todo se ha conjugado en un estado complejo, extremadamente difícil de gobernar.

Han gobernado PRI, PAN y PRD, y ninguno le ha podido dar una mejor calidad de vida a los chiapanecos.

Por eso lo de Marcos, hoy, es irrelevante. Su movimiento fracasó. Él fracasó. La solución sólo puede estar en el trabajo persistente de las instituciones democráticas, porque no hay de otra. Ni a balazos.