Opinión

Marchar contra Trump
y ver el Super Bowl

 
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marcha

El pasado 5 de febrero a las ocho de la noche llegué a casa después de asistir a la corrida de aniversario de la Monumental Plaza de Toros México. Me senté por unos minutos frente a la computadora a revisar lo que destacaban los principales portales noticiosos de nuestro país. A esa hora todos los periódicos mexicanos, sin excepción, desplegaban con euforia a pantalla entera enormes fotografías y encabezados gigantes referentes al Super Bowl.

Por curiosidad revisé también portales noticiosos estadounidenses exactamente a la misma hora: el del Washington Post, New York Times… En todos los casos la noticia del Super Bowl aparecía como secundaria. Los editores habían privilegiado alguna sobre Donald Trump.

Me pregunto cuántos mexicanos de los que marcharon ayer por Reforma contra el gobierno de Donald Trump estaban un domingo antes extasiados con el Super Bowl. Cuántos de los mismos que ayer gritaron a favor de México se emocionaron con cada touchdown; memorizaron las estadísticas de su quarterback; vibraron con las intercepciones, las patadas; enfurecieron con los referees.

Esta es la soberanía nacional: la que los medios han forjado durante décadas en el subconsciente de millones de mexicanos que ahorran para ir a Disney; para comprar prendas diseñadas por Tommy Hilfigher; para presumir a sus amigos que cuentan con un familiar en San Diego, o con un compadre con apartamento en Houston. Son los mismos mexicanos que antenoche bailaron las canciones de Bruno Mars, pero ayer marcharon contra Trump. Son los mismos que en unas semanas estarán emocionados por los premios Oscar, y presumirán que ya vieron La La Land. Los medios les pondrán encuestas para conocer sus películas favoritas, y varios se derretirán con el discurso de algún guionista o director galardonado cuando pronuncie en Beverly Hills que Trump no merece ser presidente.

Este es el triste México que hemos formado, víctimas de la mercadotecnia: el que se olvidó de la charrería, nuestro deporte nacional; el que arrinconó al mariachi a las borracheras trasnochadas; el que reivindica gritando ‘eeeeh, puuuto’ la virilidad de nuestros equipos frente a lo extranjero. Es el México de la clase media que sigue viendo con curiosidad turística a la indígena de Chiapas, y se avergüenza por no pronunciar bien el inglés.

Yo no marché ayer, pero no dudo ni un segundo de mis convicciones nacionales. Me fui a Taxco el fin de semana. A comprar algún detalle de plata. De plata mexicana. Me queda sin embargo la duda de cuántos de los que sí marcharon ya alistaron reservaciones y esquíes para no perderse —nunca lo harían— la mejor nieve de la temporada en Vail y en Aspen. Sin duda las pistas negras han de estar fenomenales.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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