Opinión

Marcel Duchamp

   

"El arte es un secreto; debe transmitirse y compartirse como un mensaje entre conspiradores".
​Marcel Duchamp

Justamente el arte contemporáneo parece ser eso, una gran conspiración, en la que un mensaje cifrado se disemina. Unos lo entienden y otros se preguntan constantemente ¿eso es arte? Dicho secreto, sin duda lo desveló Marcel Duchamp, a quien dedicamos esta columna en su 46 aniversario luctuoso, conmemorado hace una semana.

Marcel Duchamp nace en Blainville-Crevon, un pequeño pueblo francés, en 1887 . J unto con su hermano Jacques Villon tomó clases de pintura para luego dedicarse al arte de tiempo completo. Inicialmente pintor, Duchamp se le relacionó con los movimientos cubista, dadaísta y surrealista, pero nunca perteneció enteramente a ninguno, siempre se desmarcó de los proyectos de vanguardia.

La importancia de este artista en el desarrollo del arte contemporáneo es inmensurable. Todas las aristas de su obra y persona son imposibles de abarcar en estos 2500 caracteres: la polémica con los cubistas del Desnudo Bajando la Escalera (1912), el controvertido mingitorio (Fuente, 1917), la escandalosa Mona Lisa con bigotes (L.H.O.O.Q. 1919), el indescifrable Gran Vidrio (1915-23). Rose Selavy, su Alter ego, la pasión por el ajedrez, que lo llevó a abandonar el arte, su misteriosa pieza Étant donnés o La cascada, que la realizó en secreto durante 20 años y que se expuso al público hasta después de su muerte en 1969...

Pero más allá de todo el escándalo, Duchamp redefinió la relación de arte – artista – obra, reivindicando la condición intelectual de la creación dejando de lado la manufactura artesanal. Parte del secreto que Duchamp transmitió fue un maridaje entre el pensamiento y el arte.

Y fue el ready made (lo ya hecho) con el que Marcel Duchamp expondría las dolencias del establishment cultural de la época y al mismo tiempo las vastas posibilidades artísticas, estéticas, pero sobre todo filosóficas que había en los nuevos objetos industriales y la vida cotidiana moderna de principio de siglo. Con sus ready made, Duchamp no creaba en el sentido tradicional, sino que elegía del universo industrial de objetos, aquellos cuyas características estéticas fueran neutras, es decir, vírgenes de significados. 

Al ser descontextualizados de su función original utilitaria y de sus ambientes cotidianos, Duchamp reacomodaba los significados de dichos objetos con una intencionalidad conceptual, muchos de ellos son metáforas literarias, eróticas o lingüísticas.

Así, las materias primas de las obras de Duchamp no eran los tradicionales óleos, acuarelas o el bronce, sino el pensamiento y el lenguaje. He ahí una parte del secreto que antes mencionamos.
La obra de Marcel Duchamp no se mira con el ojo, se piensa y se descifra mentalmente, exige una acción inteligible del espectador, es por eso que de él se desprendieron todas las estrategias desmaterializadoras del arte.

Marcel Duchamp nos muestra el doble filo del arte, del arte contemporáneo: hay un rasgo mental e irónico que se celebra por su argucia humorística intelectual. Pero cuando alguien pregunta ¿eso es arte? La respuesta no es en torno a la pieza, sino al mundo en que vivimos; esa es la otra parte que completa el gran secreto.