Opinión

Manos limpias, Región 4

El gobernador Marcos Covarrubias siempre le ha apostado a que cae bien y lo demás lo tiene sin cuidado. Asume que sus paisanos, los sudcalifornianos, saben que le dedica más tiempo a sus ocupaciones personales que a las de gobernar, pero eso no le quita el sueño.

Por eso ayer los más sorprendidos fueron los representantes de los medios de comunicación de aquella entidad, pues cuentan que fue la segunda, o si acaso, la tercera vez en que hace declaraciones a los medios –en los últimos cuatro años–, para decir algo así como que tiene las manos limpias en el manejo del presupuesto público.

Son las investigaciones periodísticas publicadas por el Semanario Zeta las que ahora intranquilizan a quien se convirtió en panista adherente apenas en abril de 2011 para conseguir la candidatura a la gubernatura.

Mientras los perredistas se autodestruían, Covarrubias les puso distancia y comenzó a capitalizar el apoyo que recibió de los calderonistas.

Dentro del PAN, Covarrubias también definió su onda grupera. Cuando Josefina Vázquez Mota arrancó su campaña presidencial en el estadio azul, uno de los primeros en abandonar el mitin fue precisamente Covarrubias, con el pretexto de salir a comprar un helado. Ya no regresó.

El problema es que el slogan calderonista de “las manos limpias”, ya es un recurso considerado de Región 4, y por eso en Baja California Sur ha comenzado a desdibujarse.

La otra dimisión

Hasta anoche los únicos que pintaban para el relevo de Fausto Vallejo en el gobierno michoacano eran José Ascención Orihuela Bárcenas, la senadora Rocío Pineda Gochi, el diputado Salvador Galván Infante y Carlos Hugo Castellanos Becerra, actual secretario de Seguridad Pública. Dicen que este último es el caballo negro. La verdad es que todo puede ocurrir y pocos se echarán el tiro de estar al frente del gobierno michoacano escasamente un año, sólo para administrar el cambio de gobierno en las elecciones.

Aunque en realidad, todos dicen que Alfredo Castillo es el verdadero poder tras el trono purépecha. ¿Será?