Opinión

Mandato de paz

El domingo 15 Juan Manuel Santos fue reelecto presidente de Colombia por 4 años. Fue una elección que dividió a los colombianos en dos, polarizando al país entero. Santos obtuvo el 51 por ciento de los votos, Zuluaga el 45 por ciento y hubo 4 por ciento de votos en blanco. Por regiones los resultados no son tan cerrados. En Medellín y Bogotá, por ejemplo, Zuluaga ganó con amplias ventajas. Lo contrario sucedió en la costa, Barranquilla y Cali, donde Santos arrasó. Más aún, la aguda rivalidad de la elección y su trascendencia en el futuro de Colombia hizo que el domingo votaran 2 millones de personas más de las que sufragaron en la primera vuelta.

En el centro de la elección ha estado el proceso de paz con las FARC. Ahora Santos tiene un claro mandato para acelerar el proceso de negociación en Cuba y poner fin a esta guerra, que en 50 años ha causado más de 200 mil muertes y 2 millones de víctimas.

Por su lado, las FARC y sus dirigentes deben entender que esta es, tal vez, la última ventana de oportunidad que tienen para deponer las armas en un proceso ordenado, desde el Estado, para incorporarse a la vida civil y política de Colombia. Deben de ayudarse y ser responsables con el voto de 8 millones de personas que se volcaron por la paz.

Santos desafió la controvertida frase de Michael Ignatieff, de “nada te va a causar más problemas en política que decir la verdad”. Siempre habló de la urgente necesidad de una paz negociada. Ha dicho, además, que con la paz la economía de Colombia podría crecer a 7.0 por ciento anual, 3 puntos más del 4.0 por ciento de crecimiento que hoy goza. Crecer a mayor ritmo es indispensable para resolver pobreza, iniquidad y rezagos sociales; las necesidades de infraestructura y mejorar la calidad de los servicios públicos, reclamos urgentes que caracterizan a Colombia, igual que a México y a toda América Latina. Que así sea, y que lleguen la paz y un mayor bienestar a Colombia.

P.D. Bravo por la Selección de México, y en particular a Guillermo Ochoa.