Opinión

Mancera y los circos

La posibilidad de que el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera vete la ley que prohíbe la utilización de animales en circos abre un capítulo de alta relevancia en la vida pública, por dos razones. La primera es que orilla a la izquierda capitalina a definir su ideología en un terreno donde sí hay afectaciones a una industria. La segunda es que obliga a Mancera a elevar la barra de su argumentación para mirar más allá de la ciudad que gobierna. Veamos.

La izquierda capitalina se ha embolsado episodios de vanguardia progresista al haber aprobado leyes que hacen ver moderna a la capital ¿Cuáles? Notoriamente dos, las leyes que permiten el aborto y los matrimonios entre homosexuales. En ambos casos el PRD ha ganado la preferencia de grupos relevantes. No obstante, en ninguno de los dos se ha afectado o beneficiado a ninguna industria. Son ordenamientos que se inscriben en el ámbito de la vida privada y de la salud pública.

Con los circos es distinto. Si la ley se promulga prohibiendo animales vivos en los circos, se afectará a un fragmento de la industria del entretenimiento, con empleos e inversiones. La capital podría venderse como “de vanguardia”, pero será innegable que podrá cuantificarse un daño económico significativo para quienes se dedican a esto.

Por otro lado, la posibilidad de que Mancera sostenga argumentos de nivel constitucional para eventualmente vetar la ley, necesariamente lo desliga de una asamblea de representantes, que le mirará con recelo. La Asociación Mexicana de Empresarios de Circos presentó un documento al gobierno capitalino en el que especifica la “extralimitación de las facultades constitucionales conferidas a la ALDF en contravención del artículo 16 constitucional”. Esta asociación ha sido enfática al afirmar que “no existe un problema generalizado de maltrato a los animales en circos por lo que la prohibición no se justifica. Asimismo, las medidas propuestas no guardan proporcionalidad entre el fin buscado y la prohibición impuesta”.

En general, a mí no me parece atractivo que se argumente que otros espectáculos que usan animales no se tocaron con esta ley (i.e., las carreras de caballos, las peleas de gallos, etcétera). Cuando ese argumento se escucha, es como si uno escuchara: “porque me jodiste a mí… también debes joder al vecino”. Lo que verdaderamente obliga a Mancera a vetar la ley es una observancia minuciosa de los principios constitucionales aplicables.

En adición, la sensatez debe caber en el caso, toda vez que los circos podrían ser repensados para no ser los malos de la película, sino los garantes de ciertos animales que por más de cien años han evolucionado de la vida salvaje a la vida en cautiverio.

Twitter: @SOYCarlosMota