Opinión

Mancera y la nueva ola de inseguridad


 
 
 
Tres empresarios de diferente industria y calado —uno, director general de una empresa global europea encargado de toda la región latinoamericana; otro, comerciante, con varias sucursales de un exitoso negocio de artículos de regalo y decoración en la Ciudad de México; y uno más, CEO de una empresa enorme de capital mexicano y de apellido conocido—, me dijeron la semana pasada que la inseguridad está en ascenso en la capital de la República.
He leído a los adalides de la izquierda precisar con datos que la inseguridad en la era de Mancera está a la baja; y que los secuestros y homicidios se están contando cada día menos. Doy crédito a las cifras; pero la percepción es otra. La ciudadanía está inquieta porque empiezan a conocerse ejemplos de asaltos, robos y otros delitos comunes en los círculos de más inmediato contacto en todos los niveles socioeconómicos. Hasta menciones de asalto en taxi he vuelto a escuchar.
Ya hay información alternativa que habla de grupos delincuenciales de origen extranjero —sudamericanos, se dice—, que están azotando desde hace varias semanas barrios turístico-residenciales sin que los servicios periciales de la Procuraduría capitalina puedan cruzar bases de datos y dar con los responsables de numerosos delitos. Para el gobierno de Miguel Mancera aparentemente habría una necesidad urgente de exigir en el puerto de entrada, como ocurre en Estados Unidos, el registro de las huellas dactilares a todo aquel que ingrese al país.´
Con las cosas así, los dos activos más importantes con los que contaba la sociedad mexicana en la era Calderón-Ebrard (el crecimiento económico y la seguridad capitalina), se están diluyendo en la era Peña Nieto-Mancera. Miguel, que ganó el respeto de millones con sus constantes apariciones en público en casos icónicos como el de la niña Paulette, ahora resiente casos como el del bar 'Heaven'.
Mancera es un jefe de gobierno que pinta para ser sumamente versátil; mucho más que sus antecesores.
 
Definitivamente puede hablar con más audiencias que las que escuchaban a Ebrard. Pero debe enviar rápidamente señales contundentes, constantes e inequívocas de que la seguridad no solo es prioridad en el discurso, sino realidad en la calle.
Twitter: @SOYCarlosMota