Opinión

Mancera DF: la hora de la realidad


 
Cuando se percató que Mario Delgado no había crecido políticamente para ser su candidato a la jefatura de gobierno para el periodo 2012-2018, Marcelo Ebrard se vio en un dilema: inventar otro aspirante o entregar la nominación a una figura perredista. Ahí se encontró con Miguel Ángel Mancera.
En 6 meses, Mancera ha descubierto al Distrito Federal, a pesar de que fue un par de años procurador de justicia capitalino y debió de percatarse del problema de la seguridad en la ciudad. Sin embargo, Mancera no es un político forjado en el ejercicio del gobierno y del poder, quedó atado por los compromisos con Ebrard y no podrá comenzar a gobernar si no ajusta cuentas con el PRD capitalino y nacional.
Lo malo es que Mancera carece de sensibilidad política, entiende mal el concepto de relaciones sociales y sobre todo llegó a la jefatura de gobierno sin tener un proyecto de ciudad, algo, por cierto, que tampoco tuvieron los jefes del DDF y luego los jefes de gobierno perredistas. Y como todos los encargados de la administración política de la capital de la república, el gusanito de la candidatura presidencial los hace distorsionar sus prioridades. Hoy Mancera parece más distraído por la candidatura presidencial del 2018 que por atender los problemas de la ciudad.
La crisis de inseguridad en el DF en las últimas semanas forma parte de la explosión de problemas acumulados. Durante la gestión de López Obrador y Ebrard se multiplicaron las advertencias de que el problema del narcotráfico en la capital se centraba en la instalación de narcotienditas para la venta de droga al menudeo, pero como señal de peligro de que detrás de esos mostradores se encontraban los operadores de los grandes cárteles del narcotráfico. A la fecha existe una estimación de existencia de más de 5,000 narcotienditas y el problema se extendió ya no a la venta en mostradores sino que la venta de droga se metió a restaurantes, bares, cantinas y antros. Y la crisis por los asesinatos de tepiteños acaba de trasladar el campo de batalla a la lucha entre pandillas por el control de las plazas.
Los cárteles de la droga y las redes de distribución de estupefacientes ya se han asentado en la ciudad de México aprovechando los estilos relajados de ejercer el poder por los gobiernos perredistas y es la hora en que las nuevas autoridades dedican más tiempo a razonar por qué la violencia reciente es aislada que por ofrecer una estrategia de contención y ataque contra las bandas que han comenzado --la peor fase de un proceso de instalación del crimen organizado en un territorio-- a calentar la plaza.
El gobierno del DF carece de un diagnóstico real de la inseguridad en la ciudad, apenas posee un mapa de la criminalidad y registra por delegaciones el volumen de actos de violencia criminal. Sin embargo, todo indica que no tiene un panorama de la penetración de los cárteles del narcotráfico, de la presencia de miembros de las bandas de El Chapo y de Los Zetas. Las narcotienditas son apenas la expresión en la superficie de la organización territorial de bandas criminales en el DF.
Las bandas del crimen organizado en la ciudad de México son variadas y operan casi como cárteles o liderazgos diversos basados en el entendimiento para evitar la disputa violenta por el mercado: prostitución, contrabando, venta de piratería que ya es un negocio de Los Zetas, bandas de robo de autos, trata de mujeres, control del tráfico de migrantes, pandillas operando en zonas delimitadas, bandas de extorsionadores controladas desde los reclusorios, bandas de asaltantes de personas a bordo de vehículos en cruceros calientes, bandas de robos a transeúntes y bandas de asaltantes de microbuses.
La designación de Mancera como candidato ciudadano del PRD a la jefatura de gobierno se movió en 2 escenarios: el de la decisión de Ebrard de no darle la nominación a un perredista y el perfil de Mancera entonces como procurador de justicia del DF. La prisa por la operación de la nominación y el estilo priísta de Ebrard para colocar como sucesor a un funcionario que carecía de equipo político, que estaba falto de una experiencia escalafonaria y que sería el más manejable para los intereses de Ebrard por la presidencia del PRD y luego la candidatura presidencial perredista en el 2018, perfilan ahora las escasas posibilidades de Mancera para reorganizar la ciudad y limpiarla del asentamiento del crimen organizado.
A ello se ha unido la falta de sensibilidad política de Mancera: el día que le estalló la crisis por los tepiteños levantados en un bar de la hoy criminalizada Zona Rosa de la Delegación Cuauhtémoc, Mancera estuvo en un evento en el que departió con Miss Perú. Y ante el aumento de la percepción ciudadana sobre la inseguridad capitalina, la respuesta oficial ha sido mediática pero sin responder a las preocupaciones ciudadanas.
De hecho, la inquietud ciudadana sobre la inseguridad en el DF es la misma desde 2004 cuando la sociedad salió a la calle a protestar contra la delincuencia y la incapacidad de las autoridades --la marcha de los pirruris, como la denostó López Obrador--, pero ahora ya con una escalada en prácticas porque en las acciones delincuenciales más visibles aparece la droga y detrás de ella los cárteles, la corrupción, los sicarios y las justificaciones de siempre.
La crisis de seguridad por ajustes de cuentas entre bandas de Tepito en torno a la distribución de droga reveló la pérdida de los controles de seguridad por parte del gobierno de Mancera dentro del vacío político y de poder que se manifiesta en el cambio de un gobierno a otro y la reasignación de cargos en el áreas de seguridad. Pero el tono de la violencia, la percepción sobre la presencia de los cárteles en el DF y la protesta social requieren de respuestas más sólidas que los llamados al discurso positivo estilo Mancera porque la violencia criminal es demasiado seria como para soslayarla.
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