Opinión

Mancera, cambios sin futuro

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El jefe del GDF, Miguel Ángel Mancera, bromea durante la entrega de la cuenta pública en la ALDF. (Cuartoscuro)

A Jorge Gaviño el 7 de junio le sonrió. Iba a ser diputado federal, un sueño que ya se le había frustrado en dos ocasiones. En esas estaba cuando recibió una llamada de Miguel Ángel Mancera. “Velo así, el Metro de la ciudad de México será el reto profesional más grande que vas a tener en tu vida”, le dijo el jefe de Gobierno al nuevaliancista para convencerlo de que se olvidara de la diputación federal. Ayer, dentro de un paquete de cambios en su gabinete, se confirmó que Gaviño sustituye a Joel Ortega al frente del Sistema de Transporte Colectivo.

De los cambios de gabinete anunciados ayer por Mancera, el nombramiento de Gaviño resulta de los pocos medianamente promisorios. Desde la comisión que investigó el caso de la Línea 12, este militante de Nueva Alianza logró un conocimiento técnico que le resultará útil en su nueva encomienda. Sin embargo, tendrá al menos tres grandes retos.

El primero será fijar una fecha de reapertura de la Línea 12. Noviembre había sido el plazo comprometido por su jefe para el retorno de la normalidad. Hay voces que opinan que con dotar de sistema de enfriamiento en los rieles (previa rectificación, por supuesto) podría reabrirse pronto el tramo clausurado. Pero si así fuera, de algún modo se estaría dando la razón a los marcelistas, que siempre alegaron que el cierre fue indebido y que obedeció a crear una trama para la persecución del exjefe de Gobierno. Veremos qué agenda Gaviño: la apertura o la persecución.

El segundo reto de Gaviño es trazar una ruta crítica para que en lo que resta del sexenio se logre aminorar el deterioro en la calidad en el servicio, las largas colas en terminales (no nada más en Pantitlán), el mal estado de trenes y estaciones y, en una palabra, garantizar que choques como el ocurrido el 4 de mayo no se volverán a presentar.

El tercer reto de Gaviño es compartido por otros entre quienes ayer fueron convocados por Mancera para integrarse al gabinete. Ese reto tiene nombre y apellido: Héctor Serrano. Quien diga que Serrano se fue de una posición de poder comete un gran error de cálculo.

Mancera nombró a Serrano titular de Movilidad, un puesto nada menor. Tendrá que ver con todo: obras, vialidad, policía, vecinos, permisos, ambulantaje, parques, ecobicis, planeación urbana…

Quienes han convivido con Serrano se quejan de que para quedar bien con su jefe crea problemas que luego él “resuelve”. Sumen a ese “estilo” los miles de choferes de taxis y micros que ahora tendrá a la mano. Cabe recordar que él fue el principal opositor a encontrar una regulación óptima para Uber.

¿Se subordinará Serrano a Patricia Mercado, quien le sustituye en la Secretaría de Gobierno? Si la cosa no fuera delicada, si no estuviera de por medio la gobernabilidad de la capital, habría que recomendar ir por palomitas, pues la función se pondrá buena.

Mancera ha comprometido el futuro de sus cambios al premiar a Serrano con un puesto de tal poder. Si Mercado, de bien ganada fama pública, quiere sobrevivir, si no quiere naufragar por sabotaje, deberá desmantelar la red de colaboradores que heredará de su antecesor. Suerte.

Y si Gaviño la tendrá complicada para lidiar con Serrano en torno a los paraderos en las estaciones y los Cetrams, a ver cómo le va en la misma tarea a Laura Ballesteros, nombrada ayer encargada de un nuevo modelo de Movilidad. Ella tendrá, también, el reto más grande de su vida.

Los ungidos por el bacheletazo chilango duermen con el enemigo.

​Twitter: @salcamarena

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