Opinión

Mamey, mixiote
y Mancera

De niño solía beber licuados de mamey con huevo y granola, y comer tacos de mixiote de carnero. Ambos me fascinaban. El mejor lugar para consumirlos era el “tianguis” o "mercado sobre ruedas” que cada jueves tomaba posesión de una calle llamada Tebas, al norte del Distrito Federal. Me agradaba mucho ir. A lo largo del tiempo vi que la oferta de productos en este tipo de tianguis cambiaba. Todos, en alguna medida, empezaron hace varios lustros a vender, además de comida, baratijas de plástico, ropa de marca pirata, música clonada, copias de películas.

Los mercados sobre ruedas son la quintaesencia de la informalidad mexicana: son el crisol donde confluyen mercancías de poco valor con guisos exquisitos aunque de incierta garantía salubre. En ellos hay liderazgos sólidos y espacios limítrofes celosamente guardados. Varios de sus dueños son pulcros: barren y lavan el espacio público que ocupan tras su paso. La sociedad hace de las compras en estos mercados un rito semanal. Son pintorescos.

Pero los mercados sobre ruedas son un espacio ingobernable para las instituciones formales. ¿Por qué? Porque tradicionalmente han representado votos para las autoridades locales. De tal suerte, hay decenas de “movimientos”, “uniones”, “representaciones” y “frentes únicos” que agrupan a estos comerciantes que han estado embebidas del poder público callejero, dando votos gremiales y ganando ellos prebendas, sobre todo de permanencia de los propios liderazgos.

El martes estos tianguistas hicieron sentir su poder real, al bloquear por cinco horas la vialidad rápida más importante de la Ciudad de México, el Periférico, y doblegar al jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, quien en voz de su secretario de Gobierno, Héctor Serrano, supuso que la ciudadanía se tragaría el cuento de que el programa Hoy No Circula sabatino no se relajó por la demanda de estas organizaciones, cuando claramente sí ocurrió al haber pactado gobierno y tianguistas que sus viejísimos vehículos no podrán circular en los horarios en los que sus “puestos” están instalados. En pocas palabras: ellos sí podrán usar sus camionetas viejas incluso hasta las 9 de la mañana. Los demás vehículos con más de 15 años de antigüedad, no.

¿Seguirán circulando en 2020 camionetas desvencijadas del año 1980, llevando mangos, quesos, pacas de ropa y ollas para cocinar pancita? Parece que sí. No hay incentivos, gobierno, o deseo evolutivo en los involucrados para que este modelo de negocio salte hacia el futuro. Tendremos que esperar a que Walmart, Chedraui, Oxxo, 7 Eleven, Soriana y nuevas apuestas como el Mercado Roma desplacen, por precio y servicio, la preferencia del consumidor.

Porque quien regula aquí… no manda.

​Twitter: @SOYCarlosMota