Opinión

MAME: Irresponsable, banal e ineficaz

  
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Miguel Ángel Mancera

López Obrador y su proyecto de gobierno son, sin duda, un viaje al pasado. El proteccionismo y el Estado interventor, que propone, florecieron en los años setenta y naufragaron estrepitosamente en los ochenta. Andrés Manuel considera, sin embargo, que López Portillo fue el último presidente nacionalista-revolucionario y que le corresponde a él recoger la estafeta.

Ante esa nostalgia restauradora, Miguel Ángel Mancera Espinosa (MAME) se ha presentado como el líder de una izquierda moderna y responsable. Y es cierto que en materia de derechos de las minorías sostiene posiciones avanzadas. Pero allí paran sus bondades. Porque como jefe de Gobierno se ha comportado como un líder irresponsable, banal e ineficaz.

El último ejemplo de esa irresponsabilidad, ahora que la CDMX se inunda, es haber solicitado al gobierno federal 10 mil millones para hacer frente al problema. Porque la cuestión del agua era y es estratégica, mucho antes que tomara posesión como jefe de Gobierno, y demandaba acciones urgentes que nunca emprendió.

Semejante omisión se explica por consideraciones pichicatas. Las obras de drenaje profundo y mantenimiento de las redes de abastecimiento no se ven ni compran –como los programas clientelares– votos para ganar las elecciones.

Pero la irresponsabilidad es sólo una de las caras de MAME. La otra es la banalidad. No sólo no ha diseñado políticas efectivas para los problemas urgentes y estratégicos, sino decidió concentrarse en la redacción y promulgación de una Constitución para la Ciudad de México.

La propuesta fue extemporánea y disparatada. Y además, lejos de llevarla a buen puerto, terminó cocinando un verdadero bodrio. Para empezar convocó un Congreso constituyente que nunca fue tal y promulgó una Constitución farragosa que propone derechos inalcanzables, como si fueran dulces.

Esa ópera bufa, codificada en un listado interminable de derechos maravillosos, provocará una de dos cosas: a) la pérdida de la fe de los ciudadanos en la legalidad; b) demandas judiciales exigiendo el cumplimiento de los innumerables derechos que otorga la Constitución.

Pero la ‘creatividad’ de Mancera no se ha quedado allí. Como presidente de la Conago propuso crear, y en eso está, una fuerza policiaca de 320 elementos, 10 por cada entidad, para combatir al crimen. La estrategia es ridícula de por sí, pero indigna a la luz de los índices de violencia, inseguridad e impunidad que se incrementan a pasos agigantados. Y más aún, cuando las leyes de seguridad interior y de Mando Único siguen sin aprobarse en el Congreso.

Aunque MAME niega sus errores y limitaciones, no ha salido indemne del pantano de la irresponsabilidad e ineficiencia. Después de haber sido elegido con 66 por ciento de la votación, perdió abrumadoramente la CDMX en 2015. Una de las razones que explica esa derrota era (es) el nivel de corrupción que se observaba en el gobierno de la ciudad y en las delegaciones. Para lo que el jefe de Gobierno jamás tuvo ojos ni oídos.

En ese mismo sentido, vale recordar que llegó a la jefatura de la Ciudad de México con la bendición y el apoyo de Ebrard y, aunque se distancio de él posteriormente, no emprendió ninguna acción en su contra cuando se hicieron públicos los desvíos y malos manejos en la construcción de la Línea 12 del Metro, lo que en buen castellano se llama complicidad y es una forma de corrupción.

Es por todo eso que la inminente candidatura de Mancera suena a mala broma y da pena ajena. Comparado con el sueño mesiánico y nostálgico de López Obrador es menos peligrosa, pero no es una alternativa a la altura de los retos del país y de las responsabilidades que impone la presidencia de la República.

Basta imaginar que su presidencia, de ser el caso, se concentraría en redactar una nueva Constitución que extendiera a todos los mexicanos las maravillas que ahora están sólo ‘garantizadas’ para los mexicas (gentilicio para los habitantes de la CDMX, según propone Muñoz Ledo).

La izquierda mexicana, si es que existe tal cosa, está en situación lamentable. Sus líderes, de AMLO a MAME, pasando por Marcelo Ebrard, son la antítesis de un proyecto de cambio moderno y efectivo.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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