Opinión

Maldición china

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Joaquín Chapo Guzmán

La fuga del Chapo se ha comido casi todos los espacios informativos desde el domingo. Con razón. Si el conflicto más serio que tiene el Estado mexicano es contra el crimen organizado, y El Chapo es el líder más importante que sigue vigente, pues dejarlo escapar, por segunda vez, es imperdonable, por usar las palabras del mismo presidente Peña Nieto.

Sin embargo, El Chapo no es lo único que hay. Algunos columnistas habían especulado (por enésima ocasión) que al regreso del viaje a Francia el presidente haría ajustes a su equipo. No tengo idea de si eso era cierto, o en ese caso si sigue siéndolo ahora. Los penales son responsabilidad de la Secretaría de Gobernación, hablando de imperdonables.

El que sí iba a cambiar su gabinete era el jefe de Gobierno del DF, Miguel Mancera. No sé si a la hora que usted lee esto ya se anunciaron los cambios, pero debería ser así. Si se espera al día 15, la nota se la va a ganar la Ronda Uno, la primera licitación de campos petroleros en un siglo. Súmele a eso los temas que ya traíamos, como el asunto de la CNTE, o los internacionales como Grecia y China, y tenemos demasiadas cosas en el plato.

En algún otro momento lo habíamos comentado, estamos en un proceso muy complejo de transformación en el mundo y en México. A nivel mundial, la revolución de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) nos lleva a una forma de producción diferente: se requieren menos horas para producir más que antes, pero además existen mercados que antes no eran relevantes, especialmente asociados a entretenimiento y comunicación.

Así como hace un par de siglos la agricultura y ganadería dejaban de ser tan relevantes y la industria los sustituía, así ahora toca el turno a la industria, que pierde presencia frente a las TIC y el entretenimiento. Aunque ese proceso lleva ya tres o cuatro décadas, toma ahora una dimensión diferente, porque el equilibrio entre los países industriales sustitutos (lea usted, México, China, y poco más) es inestable. China llegó a su límite, México se hizo más atractivo, y hay que esperar a ver cómo se distribuyen las cosas.

Por otro lado, el experimento del Estado de bienestar de la segunda parte del siglo XX, que también hace tres o cuatro décadas empezó a mostrar agotamiento, ha llegado a su momento de quiebre. Simplemente es imposible sostener lo ofrecido, y hay que hacer ajustes. No sólo en Grecia, ni sólo en Europa. China empieza a perder población (en edad de trabajar) este año, Brasil en cinco, pero con una carga de pensiones casi europea.

Nosotros, que apostamos en el siglo pasado por un camino que resultó errado, llevamos 25 años corrigiendo. Pero esa corrección será muy costosa para muchos: grandes empresarios acostumbrados a ganar siempre, líderes sindicales que viven del chantaje, y partidos, medios y académicos acostumbrados a una realidad que se les va yendo.

Cuando eso ocurre, crece la ansiedad. Nos cuesta trabajo interpretar lo que pasa, porque nuestros marcos de referencia dejan de ser útiles, y entonces apelamos a soluciones conspirativas. Le damos sentido a lo que no lo tiene imaginando actores oscuros detrás de las cosas: tecnócratas neoliberales alemanes abusando de los griegos, políticos de cañerías ajustando a los cárteles soltando criminales, científicos locos detrás de una invasión de robots, y ya no hablo del clima.

Que vivas tiempos interesantes, dice la maldición china.

Twitter: @macariomx

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