Opinión

Malas noticias: se va el Corredor Cultural Chapultepec
y regresa el PT

 
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PT. (Cuartoscuro)

El triunfo del “No” para llevar a cabo el proyecto del Corredor Cultural Chapultepec (CCC) y el retorno del Partido del Trabajo son dos malas noticias del domingo pasado.

El proyecto del CCC era muy positivo por dos razones. Porque generaba un espacio público de convivencia, movilidad y esparcimiento que combinaba aspectos atractivos como su diseño y la multiplicación de los espacios verdes y culturales. Asimismo, proponía una fórmula de financiamiento y administración que incorporaba al sector privado durante todas las etapas del desarrollo. Se podía gestar así una buena práctica de asociaciones público-privadas en materia cultural y de esparcimiento.

Desafortunadamente, los directivos de la Agencia de Promoción, Inversión y Desarrollo para la Ciudad de México (ProCDMX), a cargo del proyecto –notoriamente Simón Levy, el director– fueron torpes, insensibles y mostraron una falta de inteligencia emocional y política que contribuyó a enterrar un proyecto de inversión atractivo y de inclusión social.

Aunque el proyecto de convertir la avenida Chapultepec en una “calle completa con vocación cultural” fue anunciado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 19 de mayo de 2014, permaneció invisible del debate público. Una filtración del diario Excélsior el 29 de julio de 2015 generó la percepción de que el proyecto se cocinaba “en lo oscurito” y motivó que muchos vecinos de la zona solicitaran la realización de una consulta. Después de una acalorada discusión sobre el cuestionario y sobre quién debía realizarla, el 17 de noviembre el Instituto Electoral del Distrito Federal publicó la convocatoria para que, con una sola pregunta, los habitantes de la delegación Cuauhtémoc decidieran el destino del proyecto.

Simón Levy cuenta –según su semblanza– con una licenciatura y un doctorado en derecho por la UNAM, una especialidad en derecho chino, una maestría en el Tecnológico de Monterrey, otra inconclusa en el ITAM y dos posdoctorados (uno de ellos cursado en Yale en 15 días), además de haber escrito seis libros y sido consultor comercial para el gobierno de Chihuahua, del Distrito Federal y para el sector privado. A pesar de su vasta experiencia, Levy fue arrogante e imprudente y sumó enemigos a la causa a lo largo de las últimas semanas. En una entrevista dijo: “Nosotros no estamos en un proceso de negociación […] La participación no significa detenerse en una avenida que a todas luces necesita urgentemente de una renovación”. Apenas el domingo por la noche, mientras festejaban su triunfo, los adversarios del CCC también exigían la renuncia de Levy al frente de ProCDMX. Y tienen razón.

El fracaso del CCC muestra que cualquier proyecto de infraestructura de esa magnitud requiere que se tome en cuenta la opinión de los vecinos y persuadirlos con base en sus preocupaciones y a través de un diálogo transparente y honesto. En cambio, el proyecto del CCC avanzó a trompicones, de manera accidentada y de esa forma sus promotores sellaron su destino. Lo que sigue es el estancamiento, la inacción, la prevalencia de una avenida deteriorada y olvidada. Lo que a su vez implica dos cosas aún más preocupantes: el triunfo de la idea de que el financiamiento privado para infraestructura urbana significa “privatizar” y la fuerza creciente de muchos grupos que se opondrán de manera sistemática para bloquear cualquier obra de este tipo, con buenas y malas razones.

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La otra mala noticia es que el PT mantendrá su registro. Si lo fuese por buenas razones, sería bienvenido; sin embargo, su sobrevivencia se logró gracias a dos antecedentes cuestionables. Por una parte, un litigio de varias semanas entre el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral (TEPJF) sobre la manera de interpretar la ley. El INE ratificó una y otra vez que el partido debía perder el registro pero el Tribunal revocó una y otra vez las decisiones del Instituto con base en fallas de procedimiento (por ejemplo, que la cancelación del registro debía aprobarla el Consejo General y no la Junta General Ejecutiva del INE). Finalmente, la semana pasada el INE volvió a ratificar la perdida de registro y el Tribunal estableció que debían sumarse los votos de la elección extraordinaria celebrada este domingo en el distrito 01 de Aguascalientes, anulada por el mismo Tribunal hace algunos meses.

El TEPJF argumentó que los artículos 24 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales y 94 de la Ley General de Partidos Políticos debían declararse inoperantes por contravenir el artículo 41 de la Constitución y se subrayó la necesidad de preservar los derechos político-electorales de los militantes del PT.

Pero acaso lo más preocupante del suceso es la votación obtenida por el PT el domingo pasado: 13 mil 180 votos, equivalente a 12.71 por ciento del total, cuando apenas en junio pasado había obtenido tres mil 149, eso es, hubo un crecimiento de 318.5 por ciento. ¿Qué ocurrió en estos meses para que tantos hidrocálidos hayan volcado su corazón y hayan apoyado al PT? Si apenas la semana pasado se tuvo certeza de que ese partido sí participaría en la elección, ¿cómo pudo elevar su votación de esa manera tan impresionante? En la elección federal intermedia de 2009 el PT tan sólo obtuvo 2.0 por ciento de la votación.

Que el PT permanezca distorsiona el escenario político y estimula estrategias de simulación. Primero, porque será visto como un instrumento de las estrategias de otros. Por ejemplo, puede servir para fragmentar más el voto si postula un candidato propio; también puede servir la causa de López Obrador si lo apoya en su campaña (algo que se ve remoto). Pero podría coaligarse con el PRI o con el PRD. Eso es, el PT no es, ni lo ha sido pero ahora mucho menos, un partido que represente demandas de segmentos poblacionales. Es ahora más que nunca un botín para las estrategias de otros actores en la elección de 2018.

Twitter: @LCUgalde

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