Opinión

Mal inicio del cuarto trimestre

 
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Manufactura

Las cifras del comercio exterior mexicano vuelven a generar inquietud sobre el desempeño de la economía al cierre del presente año y sobre el inicio del próximo. Si bien el déficit de la balanza comercial subió ligeramente en octubre con respecto al mes anterior (1,443.8 millones de dólares), lo preocupante es que dicho resultado fue producto de la sorprendente caída de las exportaciones (7.4%) y de una contracción menor de las importaciones (3.6%).

Si bien uno podría pensar que el mal desempeño de las exportaciones obedeció a la caída del precio y la producción de petróleo, estaría en lo cierto; sin embargo, no saldría de la sorpresa si se da cuenta que las exportaciones de productos no petroleros también se contrajeron (4.1%), pero no sólo eso, registraron la segunda peor caída desde octubre de 2009. Dentro de este grupo, la exportación de productos manufactureros se contrajo 3.9%, siendo también la segunda caída más fuerte desde 2009.

Vale decir, los apartados no petroleros de las exportaciones cayeron en octubre pese a la depreciación del tipo de cambio real y al crecimiento económico estadounidense, que se suponía tenía que elevar la demanda de productos mexicanos.

Al ser las exportaciones un componente importante de la demanda agregada, su caída en octubre le resta dinamismo a ésta y por tanto al crecimiento económico, para empezar, tan solo por efectos contables, aunque hay que reconocer que parte de dichos efectos se ven compensados por la caída de las importaciones (-3.6%).

Sobre el comportamiento de las importaciones, destaca en primer lugar la caída de la compra de bienes de consumo (-7.0%), producto principalmente de la contracción en 31.7% de las importaciones petroleras, mientras que las no petroleras avanzaron poco (0.5%). Estos resultados muestran que el componente importado del consumo privado observó una importante caída en octubre, afectando también el comportamiento de la demanda agregada.

Las importaciones de bienes de capital también observaron un comportamiento desfavorable al crecer tan sólo 1.1%, cuando en lo que va del año observaron un crecimiento promedio de 6.4%. Sin duda, este resultado va a corregir a la baja el favorable desempeño que observó la inversión privada en septiembre, lo cual afectará una tercera variable de la demanda agregada.

Especial atención merece el desempeño de las importaciones de bienes intermedios, mismas que son pieza clave para la producción en general y sobre todo para explicar el comportamiento de la producción industrial: cayeron 3.6% en dicho mes a consecuencia principalmente de la caída de las importaciones petroleras (-17.4%) y no petroleras (-2.5%). Esto, y lo señalado anteriormente, permite estimar que la producción industrial creció muy poco en octubre (0.5%), cifra que sin lugar a dudas le restará dinamismo al crecimiento económico general al inicio del cuarto trimestre del presente año.

De ser cierto lo anterior, habría que empezar a descontar un mal inicio del 2016 a consecuencia del bajo nivel de arrastre que habría desde el cuarto trimestre del presente año al primero del próximo.

Finalmente, otra conclusión interesante que se desprende de los resultados de la balanza comercial de octubre es la que tiene que ver con la afectación que sufrirá la cuenta corriente de la balanza de pagos en el último trimestre del año.

Como se sabe, la balanza comercial es un componente importante de la cuenta corriente (junto con la balanza de servicios, la balanza de renta y la balanza de transferencias), por lo que el deterioro de la primera en octubre muy probablemente afectará a la segunda.

En vista de que en última instancia el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos refleja el exceso de gasto sobre los ingresos del país, cualquier aumento de dicho déficit eleva las necesidades de financiamiento, cuyas fuentes no siempre son sanas, ni están disponibles.

Al respecto, las cifras del tercer trimestre de la balanza de pagos están también mostrando algunas señales de alerta. Para empezar, el déficit en cuenta corriente alcanzó el 2.9% del PIB, cifra que si bien no es muy alta, ya implica retos para su financiamiento. Para empezar, desde 2012 los recursos provenientes de la inversión extranjera directa no han sido suficientes para financiarla, de modo que cada vez ha sido necesario recurrir a otras fuentes menos sanas como la volátil inversión extranjera en cartera o, incluso, como se observó en los últimos dos trimestres, la des acumulación de reservas internacionales.

Las cifras de la balanza comercial de octubre muestran que el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos podría seguir aumentando, por lo que las autoridades responsables de la política económica tendrán que permitir una mayor depreciación del peso o desprenderse aún más de reservas internacionales. No está fácil.

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