Opinión

Maestros

Gil Gamés se frotó los ojos ante la noticia difundida por todos los periódicos. Usted lo leyó, lo oyó y de seguro se le pusieron los pelos de punta. Según el Instituto Mexicano de la Competitividad, muchos maestros ganan 25 mil pesos al mes. En la pantalla de la televisión, Carlos Marín le preguntó a Jesús Díaz de la Torre, presidente del SNTE, sobre los salarios de los maestros, Díaz de la Torre calificó de absurdos, falsos e irracionales los datos difundidos.

Veamos: qué tan absurdo, falso e irracional. ¿Más o menos de lo que Elba Esther Gordillo gastaba en ropa en las tiendas de Nueva York? ¿más o menos de lo que la señora Gordillo gastaba en alquiler de aviones?, ¿más o menos de lo que la señora gastaba en obras de artistas plásticos?, ¿más o menos de lo que se embolsaba en sus cuentas personales la maestra milagrosa? Como sea, resulta que hay un maestro que se llama Adolfo Zenteno, de Oaxaca, que gana 600 mil pesos. Hay mil 440 maestros Lupitos que nacieron en Hidalgo, todos el 12 de diciembre de 1912 y todos perciben salario generoso del estado mexicano.

Gil leyó en su periódico Milenio la contribución de Carlos Puig en la cual ha escrito que cada mes tenemos un escándalo relacionado con los maestros: “que si las telesecundarias sin electricidad, las escuelas sin baños, las escuelas que no existen, pero tienen presupuesto, las que no se dejan censar, los que cobran pero no enseñan, las colecciones de arte de Elba”. Puig puso esto a la luz: los gobiernos panistas le entregaron a Elba Esther la educación mexicana. Y ella la hizo añicos. En los sexenios de Fox y de Calderón, Gordillo concentró un poder de romanos locos.

Pensábamos que el priismo corrupto era el culpable único de nuestra desgracia educativa; y sí, pero resulta que el panismo colaboró de forma definitiva a la hecatombe. Somos maestros en paradojas: la alternancia en el poder y la normalidad democrática llevaron al gobierno a un partido y dos presidentes que le entregaron la educación a una priista ladrona, muy bonito. A veces Gamés quiere darse un tope de los fuertes en el muro sur del amplísimo estudio. Es que de veras.

Si Gamés ha entendido bien, tenemos maestros fantasmas, directores de escuela fantasmas y en consecuencia una educación fantasma. El señor Juan Díaz le dice a Carlos Marín: “No es posible en términos racionales que un maestro gane 603 mil pesos”. Gamés no quiere ponerse pesado, pero tampoco debería ser posible que un personaje como Juan Díaz encabezara al SNTE y véanlo.

Juan Díaz, enfático: “No sólo no es posible, me atrevo a afirmar frente a las cámaras que ningún maestro, director o supervisor gana esa cantidad, pero en caso de que lo demuestren, lo que tendríamos que hacer es que la autoridad educativa tome cartas en el asunto y explique a la sociedad por qué el gobierno federal paga esa nómina”. Pongamos en lenguaje poético esta intervención de Juan Díaz: el sindicalista está más cabrón que bonito. Es decir, el gobierno tiene la culpa hasta de las trapacerías del sindicato.

Los sindicatos, cuevas de bandidos. Según Juan Díaz hay una estrategia destinada a desprestigiar al SNTE. Anjá. Gil abandonó el mullido sillón, caminó sobre la duela de cedro blanco y dijo con serenidad: don Juan, usted y los suyos son un partida de cuatreros que con la complicidad de los gobiernos priistas y panistas han destruido la educación mexicana.

En una fotografía histórica, el fantasmal Secretario de Educación, Emilio Chuayffet, saluda a Juan Díaz y festeja los “convenios de automaticidad”. Según estos convenios que impulsarán a la educación en México, mju, servirán para “la aplicación automática de los incrementos y las prestaciones que se deriven de la negociación salarial única”. A Gamés le interesa también un convenio de “automaticidad” en el cual se le incremente el sueldo de forma automática. ¿Nos hemos vuelto locos?

Por cierto, Jesús Díaz le dijo a Carlos Marín que recibe un cheque por 7 mil pesos al mes y que se le descuentan 1 500 por un crédito de Fovisste. Además, se le otorgan 35 mil pesos mensuales por concepto de gastos de representación. Sí, como ño, y Gamés se chupa el dedo y juega a pon-pon-ta-ta. Pongamos en una palabra toda esta historia: granujas. La máxima de Shakespeare espetó dentro del ático: “Las valiosas presas convierten en ladrones a los hombres honrados”.

Gil s ´en va