Opinión

Maestros de la CNTE y la CETEG, ¿en la calle o en las aulas?

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CNTE. (Cuartoscuro)

Cuando los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG) bloquean, agreden, destrozan, se escuchan voces bien intencionadas que insisten en que los maestros deben regresar a las aulas.

Muy a mi pesar, discrepo.

Allí deben estar los maestros, en efecto, pero hablando de quienes estamos hablando, tal retorno a clases me causa escalofríos.

Más allá de los programas de estudio, que a veces en la práctica terminan siendo sólo referencia, un maestro enseña lo que es.

La esencia de cada persona trasmina lo que hace.

Un maestro/maestra transmite, naturalmente, su forma de ser, sus convicciones, sus caprichos, sus prejuicios, sus valores, su vocación de paz, su inclinación a la violencia, sus conocimientos, su ignorancia.

Decimos, casi en automático, que los maestros de la CNTE y de la CETEG deben estar trabajando con los niños, enseñándoles, educándolos. Pero…

¿Qué enseñan, cómo educan quienes violentan la ley, pisotean los derechos de otros y recurren a la violencia sistemáticamente?

¿Qué pueden enseñar quienes cierran comercios y plazas, toman casetas, extorsionan a los automovilistas, bloquean carreteras?

¿Qué enseñarán quienes se apropian de cruceros urbanos, se asientan en ellos y se enorgullecen del daño que causan y de su impunidad?

¿Cómo pueden educar quienes retienen a ciudadanos, funcionarios, periodistas, los atan de pies y manos, los amordazan, los humillan y golpean y, llegado el caso, los canjean para liberar a sus compañeros detenidos por la autoridad?

¿Qué transmitirán a los niños quienes toman edificios públicos, como palacios municipales, sedes de partidos políticos, oficinas de procuración de justicia, para luego destruir equipos de oficina, romper vidrios, robar documentos e incendiar instalaciones?

¿Cómo esperamos que eduquen a nuestros hijos quienes secuestran autobuses y retienen vehículos particulares y oficiales, los usan ilegalmente y los queman?

¿Qué enseñarán a la niñez quienes se enfrentan a policías, los agreden, los retienen, los azotan, los convierten en rehenes de sus fines?

¿Qué podrán enseñar quienes arruinan el comercio de ciudades, ahuyentan el turismo, alejan inversiones y empobrecen a las comunidades con la desestabilización que provocan?

¿Cómo serán capaces de educar quienes pretenden cancelar elecciones e instaurar dictaduras locales?

¿Qué enseñan quienes insultan, descalifican, agreden, escupen, a los que no piensan como ellos?

¿Cómo pueden educar para la democracia quienes violentan el Estado de derecho y ejercen la anarquía?

¿Qué valores pueden transmitir quienes hacen del chantaje recurso sistemático para obtener de la autoridad cantidades millonarias que son de todos y que van a parar a las arcas de estas organizaciones y a los bolsillos de sus líderes?

¿Qué enseñarán y cómo educarán quienes, con el supuesto propósito de democratizar su sindicato, mejorar la educación y defender sus derechos han hecho que precisamente los estados en los que han impuesto su ley sean los más atrasados en materia educativa?

¿Para qué queremos a estos maestros en las aulas?

¿De veras deseamos que estas personas sean los maestros de nuestros hijos? ¿Esperamos, en verdad, que con estos docentes en las aulas mejore la educación, tengamos más valores y seamos más competitivos?

Creo sinceramente que no.

Dilema imposible: no queremos a estos maestros en las carreteras, las avenidas, los edificios públicos, extorsionando, agrediendo, incendiando, destruyendo. Pero aterra imaginarlos en las aulas.

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