Opinión

Maestros autoritarios y delincuentes

 
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Los dirigentes de las secciones 9, 18 y 22 de la CNTE anunciaron movilizaciones en apoyo a los maestros de la CETEG. (Cuartoscuro)

La sección 22 de la CNTE ha anunciado que intentará impedir las elecciones federales en Oaxaca a celebrarse el próximo 7 de junio. Esta afrenta a la gente se suma a los pronunciamientos de la CTEG en Guerrero que han amenazado con hacer lo propio en su territorio habiendo llegado a tomar diversos comités distritales del INE. Aunado a lo anterior, el incompetente de Gabino Cue ha dicho que no ve riesgo de que no se realicen las elecciones en su estado, lo que abre la sospecha de que el riesgo es real, porque en el caso de Gabino Cue, ha quedado evidenciado que es un títere en las manos de la CNTE. Lo que llama la atención, es la facilidad con que una punta de delincuentes se arrogan el derecho de decidir sobre la continuidad de la democracia en diversas latitudes del país, algo que ha costado muchos años de esfuerzo e incluso vidas humanas para que México logre transitas –aun sin lograrlo- a una normalidad democrática absoluta. El derecho al sufragio no es un capricho, es una necesidad real en una república que tiene deseos de mandar sobre una clase política absolutamente desprestigiada, vilpendiada y alejada de una realidad nacional. La frivolidad de gobernantes, la soberbia ante la evidencia del fracaso, la necesidad urgente de cambios no atendidos, han generado una desconfianza casi absoluta en todas las instituciones nacionales y locales, lo que es tierra fértil para el mesianismo, la demagogia y el engaño de redentores mentirosos que encuentran tierra fértil para sembrar ideas irrealizables en la realidad, pero factibles en el desazón y enojo social. La desconfianza entre la ciudadanía es tal ante gobiernos paralizados, corruptos, autoritarios y soberbios que ocasionan que casi cualquier denuncia en contra de funcionarios públicos –fundada o no- sea tomada como una realidad por la sociedad. Es un nivel de hartazgo que sólo podría combatirse con la efectividad, la honradez, el trabajo y sobre todo, con la terminación de la impunidad. Este flagelo no se refiere únicamente a la delincuencia organizada, sino sobre todo a la cínica tolerancia gubernamental en todos sus niveles, de los funcionarios públicos coludidos o manejados por delincuentes de todo tipo. El respecto al derecho es condición sine qua non para que una sociedad pueda manejarse por los cauces de la civilidad y la convivencia armónica, algo que en México no sucede. Como consecuencia de esta patética incapacidad gubernamental de imponer el estado de derecho, surgen organizaciones y personas que desafían a la legalidad en todo momento, lo que los pone fuera de la ley. No sólo el narcotraficante, secuestrador, asesino, violador, etc., está fuera de la ley. También lo están los maestros de la CNTE y la CTEG que ante la debilidad del estado, se adueñan de la educación y del futuro de los niños a quienes deberían educar. No contentos con ello, también quieren destruir el futuro democrático de sus localidades asumiendo “ellos” la autoridad moral de decidir cómo y cuándo se realizarán elecciones y la manera en que la ciudadanía ejercerá su derecho constitucional consagrado en el artículo treinta y cinco de la carta magna en su fracción primera. Estas conductas son delitos sancionados por la Ley General en Materia de Delitos Electorales y como tal, se deben aplicar penas a quienes los cometan. La pregunta es ¿se hará algo en contra de esta bola de huevones alborotadores que se consideran herederos de la democracia en caso de que impidan elecciones en alguna parte? La respuesta desafortunadamente, es clara: No se hará nada. Por eso es que la ciudadanía no confía en la autoridad, en las instituciones ni en las leyes. El nivel de descomposición que hemos alcanzado pasa por las complicidades, la impunidad y la no aplicación de la ley. Ahora se quiere atacar a la libertad ciudadana del voto y a nadie parece importarle. Es hora de aplicar la ley y rescatar la confianza en las instituciones y el respeto a los derechos ciudadanos, de no hacerlo, lo lamentaremos todos.

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