Opinión

Maestro...


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El Zotoluco

Los mexicanos estamos ávidos de historias de éxito. Éstas no son las últimas líneas que escribiré acerca de esta figura del toreo llamada Eulalio López El Zotoluco, ya que su campaña de despedida apenas ha comenzado y serán muchas las tardes dignas de narrar.

La primera gran cita dentro de esta emotiva y bien planeada campaña de despedida fue Aguascalientes. En el marco de la Feria Nacional de San Marcos, la empresa de Espectáculos Taurinos de México programó un serial de nivel máximo con todas las figuras nacionales e internacionales del escalafón taurino, con el fin de ofrecer al aficionado de toda la República y allende el mar, una gran oferta de calidad y cantidad para disfrutar de esta maravillosa pasión y tradición que es la fiesta de los toros.

El 24 de abril de 2016 quedará en la historia de la Plaza de Toros Monumental de Aguascalientes como la fecha en la que la primera figura del toreo nacional de los últimos 25 años dijo adiós. Esa tarde El Zotoluco se despidió de una afición y un escenario que le ha dado mucho en su carrera, tanto triunfos memorables como cornadas y tardes donde la suerte le dio la espalda.

No me cansaré de decir o escribir que Eulalio López es una historia de la que los mexicanos debemos estar orgullosos. De cuna humilde, pero de voluntad guerrera, El Zotoluco se trazó hace más de 30 años el objetivo de convertirse en figura del toreo. Con el ejemplo de su señor padre, en cuanto a la dedicación y trabajo para conseguir sus metas, este hombre adoptó como modus vivendi los principios fundamentales de la tauromaquia: pasión, disciplina y valor.

Dos toros de la ganadería de Teófilo Gómez le esperaban en Aguas para poner broche de oro en esta plaza a una trayectoria impecable. Salió el primero de la tarde y la gente comenzó a disfrutar de la cátedra y maestría de un hombre maduro como persona y como artista. Satisfecho y orgulloso de su legado, El Zotoluco se dejó llevar por su sentir, encontró las cualidades del toro e identificó los defectos, para con su amplio conocimiento e intuición bordar una faena llena de sapiencia y placer por crear el máximo arte que se puede experimentar en esta tierra, el toreo. La vida, el destino o la justicia divina —como quiera usted llamarle— permitió a este gran torero brillar en su máxima expresión en una plaza de toros muy especial tanto para él como para todo el medio taurino.

Los feriantes asistieron al coso monumental a disfrutar de la última tarde de este gran torero. Las cosas se dieron bien, el toro requería tiempos y formas muy complejas que sólo un maestro sabe poner en práctica. El Zotoluco no apresuró ni un segundo ningún matiz de su faena, hizo todo con suavidad, gustándose y disfrutando cada minuto del homenaje que la vida misma le brindaba al permitirle torear un toro de su íntimo amigo Don Teófilo, en la forma que él mismo soñaba. Con el sentimiento a flor de piel, los asistentes (profesionales del toreo y público feriante) disfrutaron del magisterio de un hombre que hizo de su pasión su vida, y de su vida un ejemplo.

Muletazos suaves, largos y lentos marcaron el inicio de una tarde inolvidable para los que tuvimos la dicha de estar ahí. Un cielo azul, un clima perfecto y un ambiente inmejorable para decir adiós y muchas gracias a un hombre triunfador. La magia del toreo invadió de sentimiento la tarde.

A su primero lo pinchó y todo quedó en una salida al tercio. Ante su segundo estuvo igualmente en maestro. La emoción inundó las pupilas de muchos de los ahí presentes. Una faena estructurada y de impecables formas; otra vez la espada, pinchazo antes de un estoconazo. Una tarde de cuatro orejas quedó en una tarde que supera la estadística. La entrega del público con gritos de “¡Torero! ¡Torero!”, tras la vuelta al ruedo con una oreja, fue el marco perfecto para un adiós entre dos sentimientos: el de la gente buena y el del torero entregado.

La campaña de despedida apenas comienza y el cúmulo de emociones será inmenso para el entorno cercano al maestro Zotoluco. Como aficionado es algo obligado estar en cualquier plaza en la que el torero de Azcapotzalco diga adiós. Es un privilegio poder asistir a una corrida de toros donde El Zotoluco haga el paseíllo, un hombre que supo callar bocas con sus actuaciones en el ruedo y con su integridad. No satisfecho de lo logrado dentro de su profesión, El Zotoluco es ejemplo de cómo dar de regreso a la sociedad lo que la vida le ha destinado (que no regalado). Junto con su esposa encabeza la Fundación Zotoluco, digno proyecto al que hay que apoyar y del que debemos tomar nota todos los mexicanos.

Enhorabuena maestro, ahora que esta campaña de despedida está en proceso, le valoramos no sólo su tauromaquia, sino que le admiramos como mexicano, ya que como es bien sabido, usted llevó el nombre de este país muy en alto. Le deseo que desde hoy a la fecha de su despedida en la Plaza México, disfrute al igual que disfrutaremos los aficionados. Inolvidable adiós de El Zotoluco en Aguascalientes.

Twitter: @rafaelcue

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