Opinión

Maestro ciruela

 
1
 

 

Gilga.

El titular dejó a Gil con los ojos de plato: “Amenazas y abusos en el desalojo, denuncia la CNTE”. Y en el despliegue de la nota de Laura Moy y Gustavo Castillo de su periódico La Jornada, podía leerse esta leyenda que puso a temblar a Gil: “Regreso a la intolerancia”. “Desalojan la Plaza de Santo Domingo”. Gamés caviló: hemos vuelto a la edad de las tinieblas. Tiritando de miedo, Gil preguntó a sus más allegados cuántos heridos hubo en el desalojo, cuántos detenidos, pues si la intolerancia ha regresado aquello debió ser un zafarrancho. A decir verdad, la nota informativa explica que más de mil policías encapsularon a los mil maestros que se habían plantado en Santo Domingo, los subieron a unos camiones y los regresaron a sus casas. Hasta donde informan los periódicos, no hubo heridos ni detenidos. Este es “el regreso a la intolerancia”.

Los maestros de la CNTE calificaron el desalojo como un “acto represivo e intimidatorio” del gobierno federal: “en complicidad con el Gobierno de la Ciudad de México, la administración peñista regresó a una práctica de intolerancia que no habíamos visto en más de tres décadas. Con intimidación verbal, sicológica y física se obligó a nuestros compañeros a subir a autobuses que ya tenían preparados para sacarlos de la capital del país, sin tener la seguridad de que serían llevados a sus estados”.

Veamos: 30 años, 1986, el presidente era Miguel de la Madrid y Gilga no recuerda grandes represiones como sí las recuerda en los años sesenta y setenta, pero en fin, no nos enredemos.

REPRESIÓN
Gilga no recuerda represión más violenta: señores y señoras se suben ustedes a estos camiones y se van por donde vinieron. Oh no, criminales. Se nos ha torturado obligándonos a subir a unos camiones, no se veía algo así desde el pau de arara con el que los militares brasileños torturaban a los disidentes. Mju.

Los maestros durmieron a pierna suelta en los camiones y despertaron en sus lugares de origen. Dicen los líderes de la CNTE que volverán y Gilga opina que una vez más hay que rentar muchos camiones y regresarlos a sus casas. Y así hasta el fin de los tiempos. Gamés se apresura a ofrecer una declaración: a Gilga no le gusta la Policía en operativos de desalojo, cree que estos actos les abre el apetito de su naturaleza violenta, pero le gusta menos, mucho menos, que un grupo de rufianazos tomen calles de la ciudad, impidan la circulación y fastidien a quienes tratan de ganarse la vida todas las mañanas en una ciudad de por sí difícil. Van a perdonar a Gil, pero no defenderá a los maestros de la CNTE dirigidos por unos cuantos ladrones impresentables en el mundo del magisterio. Gil lo ha dicho hasta el cansancio: la CNTE resume el pudridero que convirtió la educación mexicana en un costal de basura.

ALMAS IMPÁVIDAS
En algún lugar del mundo, Cuauhtémoc Cárdenas olvidó que se había vuelto sorpresivamente sensato y dijo que “cualquier grupo o cualquier persona a la que no se le respeten sus derechos deben gozar de la solidaridad de todos aquellos que están luchando y exigiendo una absoluta vigencia del Estado de derecho”. El hilo negro, Dios de bondad.

Leamos con seriedad esta declaración del ingeniero: ¿los maestros de la CNTE requieren solidaridad? ¿Y por qué? ¿Cuáles son sus peticiones, qué quieren? Por lo demás y lo de menos, las personas a las que afectan los maestros de la CNTE no merecen solidaridad. En fon. El ingeniero: “Me parece que el derecho a expresarse, el derecho a manifestarse debiera ser absolutamente respetado por la autoridad”.

Hay ocasiones en las cuales Gil quisiera darse dos o tres topes de los grandes en el muro sur del amplísimo estudio. Desde hace tiempo, en el puchero de la vida pública se confunde una trayectoria de izquierda con una gestoría para ganar dinero, actividad que hace mucho realizan los integrantes de la CNTE.

Gamés ha redactado este letrero que ordenó imprimir y luego enmarcar para colgarlo en una pared del amplísimo: “La persona que sea sorprendida apoyando a los maestros de la CNTE o usando marchas y bloqueos, así como también haciendo mal uso de sus instalaciones mentales, serán consignado a las autoridades de una escuela donde hayan dado clases los maestros de la CNTE”.

Gil oyó este refrán en un restorán de la colonia Condesa: “El maestro ciruela, que no sabe leer y pone escuela”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

También te puede interesar:
Ahí viene el 'Coco'
Diversidad
Despensas sin gorgojo