Opinión

Maestr@s incluid@s e incluyentes

 
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 [El concurso para el ingreso al Servicio Profesional Docente en educación básica se realizará en todas las entidades federativas el 12 de julio de 2014./Cuartoscuro] 

Por Jennifer L. O’Donoghue.

Una educación incluyente, en la cual tod@s estén, aprendan y participen, propone un nuevo papel para el maestr@ y hace el trabajo docente cada vez más complejo y exigente. Demanda que las y los profesores conozcan en profundidad a sus alumn@s, así como el currículum; que manejen una variedad de estrategias para llegar a tod@s y asegurar que aprendan y participen; y que realicen no sólo la planeación sino también la evaluación de manera diferenciada.

Estudios tanto en México como en otras partes del mundo han demostrado que l@s docentes son más incluyentes cuando confían en que poseen las herramientas para serlo. Pero México, según la Encuesta Internacional sobre la Enseñanza y el Aprendizaje (TALIS, por sus siglas en inglés; 2013), es el país en el cual l@s maestr@s se sienten menos preparados para ejercer con eficacia su labor. L@s docentes mexicanos reportan altos niveles de carencia en su formación específicamente relacionada con trabajar con estudiantes con “necesidades educativas especiales” y/o en contextos multiculturales.

Avanzar en el proceso de educación incluyente en México, entonces, requiere cambios transformacionales en cómo preparamos a l@s maestr@s. El enfoque se debe poner tanto en las creencias de l@s profesores como en sus prácticas. Esto significa ayudar al profesorado a: 1) aceptar la responsabilidad que tienen respecto del aprendizaje de tod@s y mantener altas expectativas para tod@s; 2) ver la diversidad como una oportunidad para la mejora constante de su propia práctica; 3) conocer el currículum y las estrategias más adecuadas para la planeación y evaluación diferenciada; 4) entender y poder implementar los principios de la pedagogía incluyente; y 5) saber dónde buscar ayuda y estar dispuesto a pedirla.

La formación docente debe ser un mecanismo para la inclusión, que ofrece a l@s docentes oportunidades de aprendizaje profesional, desde la formación inicial hasta los procesos de formación continua, que sean incluyentes en la forma y orientadas a desarrollar actitudes y prácticas incluyentes en el fondo. Aquí algunas propuestas de cómo hacerlo:

Reorientar la formación inicial. Desarrollar planes de estudio con un tronco común para tod@s en el cual se traten elementos esenciales para la inclusión. Cada docente – no importa si es de grupo, de asignatura o de apoyo – necesita desarrollar las competencias para poner en práctica una pedagogía incluyente, así como para emprender procesos colaborativos y continuos a favor de su propio aprendizaje.

Replantear la formación y el papel de los maestros de apoyo. Transitar el objetivo del programa de “educación especial” de la intervención directa al apoyo al maestr@ de grupo. La formación especializada para l@s maestr@s de apoyo debe prepararl@s para tomar decisiones y desarrollar intervenciones; orientar a sus colegas frente a grupo; proveer apoyos en el ámbito socioemocional; y colaborar para encontrar apoyos y recursos externos.

Promover ciclos de indagación y procesos guiados de reflexión. A corto plazo, aprovechar los mecanismos existentes, como el Consejo Técnico Escolar, para animar procesos de indagación docente orientados a la inclusión escolar; a mediano plazo, abrir más espacios y tiempos para la colaboración, reflexión, experimentación, evaluación y aprendizaje en las escuelas.

Fomentar modelos de aprendizaje entre pares. Impulsar la docencia compartida como oportunidad de aprendizaje colaborativo; seleccionar y formar a “maestr@s clave” como acompañantes en los procesos de reflexión y transformación hacia la inclusión; identificar “escuelas clave”, ejemplos que puedan apoyar y tutorear a otras comunidades escolares en sus procesos de inclusión.

Desarrollar y promover un marco de la docencia incluyente. Renovar el perfil para l@s docentes de educación básica y media superior para que la inclusión sea reconocida como factor imprescindible; asegurar que las oportunidades de formación estén orientadas hacia desarrollar este perfil; y vincular la evaluación docente con el marco de la inclusión.

La relación educativa pasa principalmente entre las personas mismas. Si queremos una educación incluyente, es imprescindible asegurar que l@s futur@s maestr@s lleguen a las aulas con la confianza, las habilidades y las estrategias necesarias para tomar su papel como promotor@s de la inclusión desde el aula. El progreso hacia la inclusión no sólo depende de la formación de l@s maestr@s, pero es imposible pensarlo si no damos la atención debida a ella. Es, tal vez, la condición necesaria, aunque no suficiente.

(Para conocer más, descarga el estudio Tod@s en:
www.mexicanosprimero.org

La autora es Directora de Investigación de Mexicanos Primero.

Twitter:@jennodjod

www.mexicanosprimero.org

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