Opinión

Macri y lo que sigue

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Mauricio Macri, nuevo presidente de Argentina. (Reuters)

La victoria de Vicente Fox en México en el año 2000, podría ser un buen referente para Mauricio Macri y su nueva presidencia argentina a partir del 10 de diciembre.

¿Por dónde empezar?

Concluir con 12 años de gobiernos kirchneristas no será cosa fácil, especialmente si el Congreso (Diputados y Senado) está dominado por la corriente peronista encabezada por la saliente Cristina Fernández. Fueron 12 años en los que Néstor Kirchner (primeros 4) y después Cristina su esposa, reconstruyeron un país gravemente lesionado en términos económicos, de ingreso, de credibilidad en instituciones. Los primeros 6 años son brillantes, de impulso ciudadano, de apoyo a las libertades, de fortalecimiento del salario, del empleo, de una significativa estrategia social. En estos 12 años, el salario mínimo en Argentina creció 3 mil por ciento.

Pero con esta decidida agenda socialdemócrata y por momentos, de izquierda más radical, Cristina más que Néstor, condujo al país a una profunda confrontación. Primero con los empresarios, el sector privado y productivo, después incluso con trabajadores y sindicatos a quienes les dio mucho, pero querían más. Y finalmente con Washington, los bancos y el mundo financiero. Construyeron sólidas alianzas con gobiernos de izquierda en América Latina, de forma señalada con Hugo Chávez y su alianza económica (ALCA), con Evo Morales de Bolivia y con Correa de Ecuador. Se sumó una relación cada vez más estrecha con Dilma en Brasil y hasta con Uruguay.

Pero los excesos, los desequilibrios acaban siempre por pasar factura. Gasto público creciente los últimos 4 años, hay por ahí una estadística que señala la contratación de 300 empleados diarios por lo menos, en los últimos 2 años.

La controversial inflación –que provocó debates, remociones en el gabinete, descrédito internacional- hoy se calcula entre 11 y 15% -oficialmente- aunque la auténtica oscila entre los 26 y hasta 30%. La presidenta se negó a aceptar las cifras hasta que tomó control del órgano que mide y evalúa el desempeño de la economía.

Los subsidios a energía, los gastos abundantes en pensiones y paquetes de jubilación, provocaron el desbalance de unas finanzas públicas que Néstor había logrado equilibrar los primeros años. Cristina financió el excesivo gasto con la impresión de papel moneda, medida fácil e irresponsable de gobiernos que consideran el control del tipo de cambio y el distanciamiento con el mundo crediticio como la alternativa para una fantasía social. El sector productivo no creció, la economía se deprimió y el resultado es aún desconocido en su totalidad, porque las cifras no son confiables. Cayeron las reservas internacionales y utilizó las del Banco Central para pagar nómina a empleados públicos y trabajadores.

Mauricio Macri recibe la casa endeudada, casi hipotecada y además en guerra con bancos y juicios en Estados Unidos –fondos buitre.
El nuevo presidente no es peronista ni radical –las dos fuerzas que han gobernado Argentina desde la transición democrática- a diferencia de los últimos 5 presidentes del país. Su primer trabajo consistirá en buscar consensos y acuerdos con un Congreso opositor, dominado por el peronismo y sus múltiples corrientes, pero donde los leales al movimiento “Kirchner” siguen teniendo la fuerza predominante.

Macri se ha caracterizado por construir consensos, por integrar a políticos de distinto cuño, origen ideológico y militancia. Enfrentará ahora el reto de demostrar si será capaz de edificar una gobernabilidad que asocie a esas fuerzas divergentes en gobiernos estatales y en el legislativo.

Ha dicho que no eliminará los programas sociales, especialmente la estrella del gobierno de Cristina “Asignación Universal por hijo”. Sin embargo, gradualmente, deberá equilibrar las finanzas públicas al adelgazar el costoso aparato gubernamental construido por su antecesora. Nada fácil tarea que provocará, lo veremos, marchas, protestas y manifestaciones. Ningún sector –público o privado- renuncia prestaciones o canonjías que consideran derecho adquirido.

A nivel internacional será vital reconstruir relación con Washington, con Wall Street y el mundo financiero. Recolocar a Argentina en el escenario. Tampoco sencillo. Tomará distancia de Maduro y Venezuela, lo ha declarado ya, pero no tendrá enfrentamientos con Evo – a pesar de su ostentosa intromisión durante la campaña al apoyar a Scioli, el candidato oficial.

Un acuerdo con la oposición –tarea en la que Fox fracasó- podría servir para impulsar el crecimiento del país. No retroceder en los avances sociales y de libertades individuales –matrimonios del mismo sexo, derecho al aborto- a pesar de que el nuevo presidente esté en contra. Puede ser un presidente de cambio y transición para una nueva Argentina. Veremos si lo consigue.

Twitter: @LKourchenko

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