Un Trump
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Un Trump

13/06/2018

Dejo para mañana los comentarios al tercer debate, por la hora de cierre, y porque así los leerá usted viendo la inauguración del Mundial. Hoy lo que sí se puede es hablar de la reunión de Donald Trump con Kim Jong-un.

Como usted sabe, Corea ha estado dividida desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (de hecho, desde la misma guerra), y esa división se consolidó durante la Guerra de Corea, iniciada en 1950 y nunca terminada, aunque con un armisticio desde 1953. Corea del Norte fue apoyada por la Unión Soviética al inicio, pero sobre todo por China, mientras Corea del Sur lo era por Estados Unidos. Desde entonces, no se habían reunido jamás los gobernantes de ambos países, principalmente porque el presidente de Estados Unidos no tenía nada que ganar en una cumbre. En los últimos años, el gobierno norcoreano ha logrado construir una capacidad nuclear importante, y realizó pruebas de corto y mediano alcance. Se cree que tiene capacidad para misiles intercontinentales. Frente a ello, Donald Trump lanzó varios ataques verbales contra Kim Jong-Un, amenazando incluso con guerra nuclear si fuese necesario.

Paulatinamente, la tensión se fue reduciendo, hasta que se llegó a la reunión del martes pasado. En ella, se obtiene exactamente lo mismo que se tenía antes: Corea del Norte tiene capacidad nuclear regional, pero no amenaza directamente a Estados Unidos, y éste sigue teniendo presencia en Corea del Sur. Se firma un comunicado que no difiere sustancialmente de los acuerdos alcanzados en al menos otras tres ocasiones anteriores entre ambos gobiernos, y que no compromete mucho a nadie. Se utiliza la palabra “desnuclearización” que no tiene un significado claro (ni es el mismo para ambas partes).

Pero ambos gobernantes pueden utilizar las fotos, que es lo importante para ellos. En Corea del Norte no debe haber muchas personas que hablen inglés, especialmente fuera del gobierno, de forma que Jong-un podrá decir que la cumbre fue resultado de sus grandes dotes de estadista. En Estados Unidos, una cantidad no menor de votantes ni siquiera sabe dónde está Corea del Norte, de forma que también le creerán a Trump que ha alcanzado la paz mundial. Se entiende que un dictador como Jong-un, en un país sumamente pobre, dependa de este tipo de eventos. Entender el caso de Trump es más complicado, porque obliga a calificarlo (como lo hizo sin querer la cadena Fox) también como un dictador.

El acuerdo obtenido por Trump de parte de Corea del Norte es significativamente inferior al que tenía con Irán y que tiró a la basura hace pocas semanas. Visto así, la probabilidad de recibir un premio Nobel de la Paz (que es sueño de Trump) es muy reducida. Más grave aún, en ambos casos, Trump dinamita las relaciones con sus aliados. Con Irán, porque el acuerdo no era entre Estados Unidos y ese país, sino de una coalición amplia; con Corea, porque en camino a su ansiada foto con Jong-un, nos dejó una mucho más memorable en la que se evidencia al G6 + 1.

A Barack Obama el mundo no le interesaba mucho, pero sabía que no lo entendía y se apoyaba en su equipo. A Trump le interesa menos, pero cree que entiende. Actúa entonces para su objetivo fundamental: ser reconocido como el ser humano más excepcional de la historia, y de paso ganar la reelección. El daño será inmenso. Pero eso pasa cuando los pueblos tienen miedo e ira, y eligen a tontos que creen que saben lo que hacen. Y no son los únicos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.