Tiempos oscuros
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Tiempos oscuros

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Tiempos oscuros

12/07/2018
Actualización 12/07/2018 - 10:01

Si mi interpretación es correcta, el mundo se encamina a vivir tiempos oscuros. Aunque es posible que ya haya leído mi propuesta de marco de referencia, permítame insistir en ella: las sociedades humanas se construyen alrededor de ciertas ideas básicas que llamamos valores, que sirven de referencia (ancla) de las reglas que aceptamos para administrar la vida en común, mejor conocidas como tradiciones, costumbres, leyes.

Aunque se suele pensar que los valores son muy duraderos, en realidad se transforman con cierta rapidez, y se mueven en un eje que va de lo irracional a lo racional. Es decir, en cada ciclo partimos de valores irracionales que vamos racionalizando. Cuando la versión irracional es más poderosa, privan los sentimientos y emociones, la ciencia se retrae y la violencia aumenta. Cuando ese lugar lo ocupa la versión racional, ocurre lo contrario: tenemos reglas más favorables para la estabilidad, la ciencia y el avance en diversos rubros. Pero ésta no es una situación permanente. Si llega a ocurrir un evento extraordinario, que pone en duda el éxito de esa racionalidad, podemos entrar a un nuevo ciclo, en el que lo que priva es una nueva versión irracional que subsume (se traga) la disputa previa. Para que esto ocurra es necesario no sólo ese evento extraordinario, sino una nueva tecnología de comunicación.

En los últimos cinco siglos, me parece que esto es perfectamente claro. El descubrimiento de América, que rompía por completo las referencias que entonces tenía Europa, se suma a la aparición de la imprenta para permitir una época irracional, la Reforma. Fueron tiempos de fe profunda, de rompimiento con la razón teológica entonces vigente y de grandes guerras. Casi 150 años después, la racionalidad regresa y la Ilustración permite cien años de estabilidad y avance.

El terremoto de Lisboa en 1755 destruye dicha racionalidad, y al sumarse a los medios masivos impresos, inicia una nueva época de sentimientos y violencia, que genéricamente llamamos Romanticismo, o edad de las Revoluciones, que es racionalizada un siglo después. A partir de 1850, el mundo vive otra etapa de ciencia y avance que, como las anteriores, termina con un evento extraordinario, en este caso la Gran Guerra, casi contemporánea de los medios masivos audiovisuales, específicamente radio y cine.

La etapa de violencia e irracionalidad que siguió es la que todos medio conocemos: los totalitarismos, que son enfrentados y racionalizados en los años setenta. De entonces en adelante, otra vez una época más racional, con avances científicos y desarrollo. Pero el ciclo no termina ahí, no hay fin de la historia. La Gran Recesión de 2008 potencia la aparición de las redes sociales, e iniciamos la nueva etapa de sentimientos, irracionalidad y violencia. La mala noticia es que en eso estamos ahora; la buena, que terminará en algún momento, cuando logremos racionalizarla.

Las etapas mencionadas son claramente notorias en Occidente, y no es cuestión de eurocentrismo o nada parecido, es que todas esas tecnologías de comunicación se inventan y desarrollan en esa región. Ahí mismo, la tasa de mortalidad en conflictos parece confirmar mi hipótesis. Antes de las guerras religiosas era de 25 por cada cien mil en Europa; pasa a 450 durante la etapa irracional. Regresa a niveles de 45, pero vuelve a crecer a 150 en el Romanticismo. Vuelve a caer hasta ocho en la segunda mitad del siglo XIX, pero se dispara a 350 durante los totalitarismos. En los últimos cincuenta años ha estado cerca de cero.

Las tonterías de Trump en el G-7 hace unas semanas, y ahora en la OTAN; el creciente autoritarismo en Turquía, Rusia y China; la polarización interna en todo Occidente, parecen confirmarlo: estamos en la etapa de irracionalidad creciente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.