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12/06/2018

Hoy por la noche ocurrirá el tercer debate entre los candidatos presidenciales. En 36 horas empezará el Mundial de Futbol. Si el debate de hoy no resulta algo espectacular, estoy prácticamente seguro de que ya no veremos mayores cambios en las preferencias. Por un lado, porque el futbol realmente jala la atención de muchas personas; por otro, porque lo que hemos visto en la campaña ha sido una constante, y las constantes aburren.

De acuerdo con las encuestas que agrupa la página de Oraculus, las preferencias efectivas entre el cierre de mayo y el inicio de junio promedian cincuenta puntos para López Obrador, 27 para Ricardo Anaya y 20 para José Antonio Meade. Comparando encuestas de inicios de abril con las más recientes, por casa encuestadora, se reporta un crecimiento promedio de AMLO de casi siete puntos, frente a caídas en sus dos contrincantes: de 2.4 en el caso de Anaya, de poco menos de un punto para Meade. El tracking diario de MassiveCaller (que ya sé que a muchos no les gusta) registra más o menos lo mismo, aunque encuentra una mayor diferencia entre Anaya y Meade.

Hoy deben discutir una cantidad muy grande de temas, se supone, a diferencia de las otras dos ocasiones: economía, política social, ambiente. Pero además llegan en un momento más tenso debido al video filtrado hace unos días en contra de Anaya, y a la insistencia de éste no sólo de que se trata de un ataque desde el gobierno, sino también de un presunto acuerdo entre Peña Nieto y López Obrador. Podríamos ver a Anaya atacar a ambos con estos argumentos, mientras Meade le responde con base en dicho video, y acusa a AMLO de irresponsable (por los temas a tratar). Y tampoco sería raro ver a López Obrador como en los dos debates previos: ausente.

Si los ataques no están bien pensados, corren el riesgo los candidatos de convencer al auditorio de la poca importancia que tiene la elección. A los mexicanos el conflicto no les gusta, y un debate fuerte les hace sentirse amenazados. La respuesta normal a ello es regresarse al espacio de confort, que no es otro que el de las creencias y prejuicios (que es justo lo que las preferencias revelan). Más claro: un debate muy agresivo terminará con la elección hoy mismo. Se terminarán de fijar las preferencias, pero sin cambios notorios, y será nada más cuestión de esperar un par de semanas más.

Esto es lo que le conviene a López Obrador, y por ello dudo que logren engancharlo. Hará su mejor esfuerzo por mantenerse por encima de las discusiones, repetirá sus mantras (mafia del poder, corrupción de arriba abajo, etc.), y les recordará a sus contrincantes que ya ronda la mitad de los votos. Al PRI le interesa convencer a los votantes de que ellos están en segundo lugar, a pesar de que todas las mediciones (salvo las de ellos mismos) indican lo contrario. Creo que nunca entendieron el gran rechazo que generan en la población, y que explica la abundancia de votos de Morena.

Ricardo Anaya, el candidato más golpeado en décadas, según Raúl Trejo Delarbre, o el que peor campaña ha realizado, según Juan Ignacio Zavala, tiene una última oportunidad de convencer al público de que apostar por el futuro es mejor que regresar al pasado. Porque ésa sigue siendo la disyuntiva de esta campaña: lo que tenemos no sirve y hay que cambiarlo. López Obrador insiste en que la respuesta está en el pasado, y ha convencido a muchos. Si Anaya quiere ganar, debe convencer a los mexicanos de que su país tiene futuro y esperanza.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.