Teoría y práctica
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Teoría y práctica

20/12/2017
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2018
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En la elección de 2018 participarán tres grandes fuerzas políticas, resultado de alianzas que, en la perspectiva tradicional, suenan raras. Quien intente interpretar el mundo actual con la visión tradicional de izquierda y derecha seguirá sorprendido y confuso. Dividir a los humanos en dos interpretaciones del mundo, coherentes a su interior, así sea con matices, no debería parecernos normal. Es una extensión del “nosotros y los otros” que no puede servir de base a una sociedad tolerante y justa. Por obligación, cada una de las partes se considera moralmente superior a la otra.

Pero así vivimos los seres humanos en dos momentos de la historia: con el advenimiento de las religiones universales, hace poco menos de tres mil años, y durante el siglo XX. Y es perfectamente lógico que durante esos periodos nos hayamos imaginado en dos grandes grupos: los buenos de este lado, los malos más allá. La causa de ello, según la imagino, se la comentaré en otra ocasión.

Lo relevante en este momento es insistir en que no hay ahora en el mundo una división en dos grandes grupos de ideas coherentes, sino una multiplicidad de creencias que hacen sumamente difícil gobernar. Por esa razón, los políticos son despreciados como hace siglos no lo eran, en todas partes del mundo. Donde hay elecciones ya no pueden ganar, salvo cuando amenazas internas o externas les ayudan a construir ese “nosotros y los otros”. Es el caso de España y Japón, donde las tensiones separatistas o la amenaza de guerra han permitido a los jefes de gobierno reelegirse. En el resto de los países democráticos han sido externos los ganadores: Trump, Macron, Kurz, Babis.

Si tenemos decenas, o cientos de grupos con ideas muy específicas, no se puede ganar ofreciendo un conjunto coherente de ideas. Algunas de ellas serán inaceptables para varios de esos grupos, la mayoría será irrelevante. Las elecciones en este momento no se ganan con ideologías coherentes, sino con ofertas concretas, muy posiblemente contradictorias, que después será imposible cumplir. No digo que esto esté bien, sólo apunto lo que percibo.

Nuestras tres grandes fuerzas políticas están moviéndose en esa dirección, porque los políticos entienden su mercado, aunque no puedan explicarlo. Una de las ofertas es continuar lo que hemos hecho en los últimos veinte años: modernización económica limitada por el viejo capitalismo de compadrazgo, reflejado en corrupción, que tiene como subproducto gran desigualdad e inseguridad. Otra propone regresar a lo que se hacía antes, es decir, simple capitalismo de compadrazgo, compensado con transferencias populacheras, aunque se olvida que la desigualdad y la inseguridad eran entonces muy superiores a las actuales. La tercera opción es reconocer que las otras dos están equivocadas, sin dejar claro qué se construiría en su lugar.

Por obligación, se trata de tres propuestas 'aideológicas': el proceso de los últimos 20 o 25 años ha sido multipartidista, como lo fue el Pacto por México. El anterior era autoritario, monopartidista. La opción de cambio de régimen exige trascender los partidos. Dicho de otra forma, mientras una de las propuestas es el pensamiento único, las otras dos exigen una pluralidad que negocie. Una, para continuar el camino reciente; otra, para explorar uno nuevo.

No hay, en consecuencia, grandes conjuntos de ideas de los cuales derivar políticas públicas, sino conjuntos de políticas públicas que habrán de acomodarse eventualmente en un equilibrio inestable. Reitero, no propongo que así sea, sino que describo lo que veo, en México y el mundo.

Esta traslación entre ideologías y prácticas ha sido extremadamente compleja y violenta en las otras ocasiones en que ha ocurrido. Espero que hayamos aprendido.

Twitter: @macariomx

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.