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Opinión

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12/02/2018
Actualización 12/02/2018 - 10:29

Ayer cerraron las precampañas y en unos días se definirán los candidatos presidenciales de las tres alianzas, que serán exactamente los mismos que fueron precandidatos únicos. A partir de hoy, faltan 139 días para la elección, pero vamos a tomar siete semanas de recogimiento y reflexión para empezar las campañas en forma el lunes 2 de abril, celebrando el 151 aniversario de la gran victoria de Porfirio Díaz frente al invasor francés, me imagino. Serán 90 días hasta el domingo 1 de julio.

Como lo comentamos en su momento, las precampañas lo fueron sólo para dos de los precandidatos que tenían que afianzar su candidatura, como Meade, o la alianza que la respalda, en el caso de Anaya. López Obrador no tenía estos problemas, puesto que su candidatura nunca estuvo en duda, ni tiene dificultad para controlar absolutamente al partido que lo postula. Por eso mismo, estas semanas eran una gran oportunidad para que AMLO se despegara de sus adversarios. Creo que no lo hizo.

Tenemos muy pocas encuestas, y apenas cuatro firmas han levantado al menos dos mediciones: Buendía&Laredo, Consulta Mitofsky, EL FINANCIERO y Parametría, que ha publicado tres. Comparando esos dos puntos en el tiempo, para Buendía, AMLO creció tres puntos, por seis de Anaya y Meade habría perdido uno. Para Mitofsky, AMLO creció un punto, Meade perdió dos y Anaya no se movió. En las encuestas de EL FINANCIERO, AMLO avanza dos puntos, Anaya siete y Meade dos. Finalmente, para Parametría, AMLO no se mueve, Anaya avanza tres y Meade pierde tres. Un promedio simple de estos movimientos indica que AMLO creció punto y medio durante las precampañas, por cuatro de Anaya y una pérdida de un punto de Meade. Con base en las cinco últimas mediciones, AMLO estaría cerca de 38 puntos, Anaya en 27 y Meade en 22.

Estos números no tienen mucho que ver con lo que ocurrirá en julio, pero sí con lo que ya ha ocurrido. Durante las precampañas, AMLO no avanza mucho, mientras que Anaya consolida el segundo lugar, dejando a Meade rezagado. A éste, el periodo de silencio que ahora empieza le puede resultar más costoso, pero las diferencias no son tan grandes como para imaginar desde ahora los resultados finales. Para lo que sí sirven es para que los candidatos y sus alianzas afinen lo que harán en los noventa días definitivos.

Aunque las alianzas han tenido que presentar sus programas y plataformas, creo que las verdaderas ideas las conoceremos a partir del 2 de abril, especialmente de los dos precandidatos que han tenido que asegurar bien su posición. De AMLO, después de tanto tiempo, ya todo debería ser claro, aunque siguen existiendo personas que piensan que ha cambiado su comportamiento y que ha aceptado ideas de algunos que lo acompañan. Si acaso, ahora es más difícil saber exactamente qué propone, porque se mueve de una idea a la contraria con demasiada facilidad. Eso le sirvió mucho a Trump, por ejemplo, y tal vez por ello intentan repetirlo.

En el caso de Meade, lo relevante será conocer qué tanto piensa separarse del PRI en lo relativo a prácticas políticas. Sin duda reivindicará las reformas estructurales, en las que estuvo involucrado desde antes de este sexenio. Pero sus propuestas en términos de enfrentar la corrupción y la inseguridad, para ser creíbles para la mayoría, deberán criticar al PRI. Ya veremos.

Finalmente, de Anaya y de el Frente por México lo que esperamos es tener una idea razonablemente clara de qué es lo que proponen. No es un candidato con años de exposición, ni representa a un solo partido. De cómo aclare esa incógnita dependerá mucho su desempeño. Claro, después de estas semanas de silencio.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.