Semana difícil
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Semana difícil

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Semana difícil

20/07/2018

Esta semana fue muy difícil para Donald Trump, aún bajo sus estándares. El fin de semana acabó enfrentado con la OTAN, no tanto por su exigencia (correcta) de que todos los miembros incrementen su gasto en defensa, sino por sus modos, que no sólo están muy lejos de la diplomacia, sino que ni siquiera son efectivos: provocan más rechazo que cualquier otra cosa.

Le siguió la visita a Reino Unido, que inició con la publicación de una entrevista que dio a un tabloide, en la que criticaba a la primera ministra, Theresa May, por no hacerle caso y con ello desaprovechar la oportunidad de un acuerdo con Estados Unidos. Después destrozó el protocolo y casi a la reina misma, en revista a las tropas reales.

Pero el momento más serio en su presidencia ocurrió poco después, en la cumbre que inventó con Putin. Al igual que la que realizó con Kim Jong-un, Trump no tenía nada para ganar, y sí perdía incluso de arranque: dando espacio a líderes que no lo merecen. No hizo caso de quienes le sugirieron cancelar la reunión con Putin, y habló a solas con él por más de dos horas. Sólo ellos, sus intérpretes, y las agencias que hayan estado grabando la reunión (al menos, seguro, los rusos) saben qué se dijo. Rusia ha anunciado ya acuerdos que supuestamente se alcanzaron de viva voz en dicha reunión, pero en Estados Unidos nadie tiene información al respecto.

En cualquier caso, la conferencia de prensa posterior fue algo terrible. Donald Trump descalificó sus servicios de inteligencia frente a todo el mundo, y especialmente frente a Putin, a quien consideró igual de confiable que aquéllos. Un poco más tarde, tampoco pudo culpar a Putin de lo que ocurre en Siria, Ucrania, del derribo del avión de Malaysia Airlines o de las decenas de asesinatos políticos orquestados por los servicios de Rusia en todo el mundo. No sólo eso, sino que afirmó que ambos países, Rusia y Estados Unidos, deben considerarse igual de responsables en la situación actual del planeta.

Por primera vez en su gobierno, logró obtener el rechazo generalizado en su país. Incluso Fox News, que ha servido de instrumento de propaganda de su gobierno, tuvo que decir con claridad que lo que Trump había hecho en la conferencia de prensa había sido trágico. Gracias a ello, el miércoles apareció

Trump en un mensaje especial, aclarando que en donde dijo “sería” en realidad quiso decir “no sería”. Reiteró que confía plenamente en los servicios de inteligencia estadounidenses, y que Rusia sí pudo haber intervenido en la elección de 2016.

Pero, como es frecuente en él, insistió en que “pudo haber sido cualquier otro, hay muchos allá afuera”.

El tamaño de la estupidez de Trump nos sigue sorprendiendo.

No tenía para qué hablar con Putin, ni debía poner en duda a su país frente a un enemigo.

Enemigo que, por cierto, cerró la conferencia de prensa aclarando que “no se debe confiar en nadie”, por si hubiese alguna duda.

Este evento puede ser definitorio del gobierno. Le ha dado a la investigación de Mueller una credibilidad que no tenía, y puede costarle a Trump en la elección de noviembre. Si eso ocurre, creo que es casi un hecho que no terminará su mandato. Pero si logra sobrevivir a esta cumbre desastrosa, lo contrario será también casi seguro: un triunfo en noviembre, y la reelección en 2020. Creo que las próximas diez semanas serán determinantes para el futuro de Estados Unidos y, por lo mismo, del mundo que conocimos en el siglo XX. No guarde demasiadas esperanzas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.