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21/05/2018
Actualización 21/05/2018 - 10:34

Al igual que en el primer debate, debo enviar mi colaboración antes del fin del evento. Como entonces, si ocurre algo importante en la segunda mitad, lo comentaremos mañana. También a semejanza del primer encuentro, hay que agradecer un formato novedoso, muy buena conducción (ahora de León Krauze y Yuriria Sierra), y la agilidad que nos aleja mucho del acartonamiento que tuvimos por veinte años en este tipo de sucesos.

El impacto de los debates sigue siendo un tema polémico. Están los casos espectaculares, como la derrota de Richard Nixon frente a John F. Kennedy hace más de medio siglo, que inauguró la época de los presidentes mediáticos, o el nuestro famoso, en la campaña de 1994, cuando Diego Fernández de Cevallos destrozó a sus contendientes, para después prácticamente desaparecer de la contienda. Hay otros menos impactantes, pero creo que con efecto relevante, como aquel improvisado en el que Fox insistía en el “hoy, hoy, hoy”, o en esa misma campaña aquél en que Labastida cometió el error de asumir insultos. También hay que considerar el error de López Obrador en la campaña de 2006, cuando no se presentó al primer debate.

En esta ocasión, el primer debate tuvo un efecto interesante. Entre el 23 de abril y el 15 de mayo, fecha en que Margarita Zavala decidió renunciar a su candidatura, dos candidatos subieron en las preferencias, de acuerdo con el tracking diario de MassiveCaller (el único al que tengo acceso): AMLO, 3.6 puntos y Ricardo Anaya, 3.2 puntos. Zavala perdió tres puntos, Meade uno y medio, y los indecisos se redujeron en poco menos de tres puntos. En los últimos días, como resultado de la salida de Zavala, AMLO se mantiene estable, mientras que los otros tres candidatos suben poco más de dos puntos, cosechando los cinco que dejó Margarita, y dos más en que se ha reducido el número de indecisos.

El impacto del segundo debate puede ser definitivo. O bien Ricardo Anaya logra despuntar y convertirse en el competidor de AMLO, o bien Meade y Anaya se estabilizan en los puntajes actuales, con lo que la ventaja de López Obrador sobre ellos será suficiente para administrar las tres semanas que faltan para que inicie el Mundial, y las obsesiones políticas terminen. Podremos saber el resultado en el transcurso de la semana, con encuestas y posdebate.

Como habíamos comentado en la primera ocasión, es sólo en estos debates en donde la mayoría de los mexicanos puede escuchar por un tiempo razonable a los candidatos. Salvo AMLO, que lleva dos décadas en campaña, los demás apenas son reconocidos, y las únicas ocasiones en que hemos podido verlos han sido las entrevistas multitudinarias de Tercer Grado y Milenio, en donde ha sido evidente el diferente trato a los contendientes. Ya lo platicamos antes: los medios cometen en México el mismo error que en Estados Unidos cometieron con Trump.

En cuanto al evento en sí mismo, el primer tema fue en realidad Estados Unidos, y cada candidato fue consistente con su personaje: ocurrencias de Jaime Rodríguez, fijaciones de López Obrador, perspectiva técnica de Meade, ideas novedosas de Ricardo Anaya. Es muy probable que en los otros dos temas este fenómeno se repita, porque así fue también el primer debate, y creo que así ha sido la campaña entera.

El formato en esta ocasión permitió un mayor intercambio de opiniones, que indudablemente será de utilidad para que los electores midan mejor las capacidades de los candidatos. No hay que olvidar que se elige a una persona que enfrentará uno de los momentos más complicados que hemos vivido en décadas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.