Salvar las almas
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Salvar las almas

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Salvar las almas

03/08/2018

Hace un par de días, Andrés Manuel López Obrador llevó a cabo una especie de informe de gobierno “cero”. No se refirió a los logros de su gobierno, que aún no inicia, sino a los programas que piensan llevar a cabo, aunque lo hizo en un tono que recordaba los informes de hace algunas décadas. Entre diversas ideas, con diferente nivel de desarrollo y profundidad, reiteró su idea de construir una Constitución Moral, no necesariamente en sustitución de la Constitución Política vigente, pero sí con el objetivo de salvar las almas, porque el bienestar físico no es suficiente.

Es poco probable que un discurso de ese tipo hubiese sido bien recibido por los diversos grupos de izquierda que han respaldado a López Obrador si el emisor hubiese sido diferente. La izquierda mexicana, desde los comunistas hasta los cardenistas, pasando por todo tipo de grupúsculos intermedios, ha sido rabiosamente laica, incluso “comecuras”. Ya no es necesario insistir en la paciencia que le tiene a su actual pastor.

Sin embargo, para quienes no profesamos esa fe, la idea de que alguien escriba un documento destinado a salvar nuestra alma nos parece algo preocupante. Hace medio milenio que los occidentales luchamos por terminar con estas ideas. Si alguien cree que tiene alma, y que necesita salvarla, puede hacerlo de manera personal. Imaginar que el Estado se haga responsable de eso debería aterrar a todos. La mitad de esos quinientos años han transcurrido en guerras para impedirlo: primero para acabar con la idea de que una sola fe es la verdadera, luego para deshacernos de los “comisarios de la salud pública”, y más recientemente para terminar con la visión totalitaria en la que todo es válido dentro del Estado (Revolución), nada fuera de él.

Es absolutamente ridículo que alguien intente pasar por liberal, y al mismo tiempo proponga una Constitución Moral. Compararse con Juárez (incluso cambiando el peinado), y simultáneamente buscar el bienestar de las almas, es más que absurdo, es patético. Como lo es que decenas de “jóvenes intelectuales” aplaudan estas declaraciones, como aplauden lo que su líder diga, sin importar cuánto divergen los dichos de la razón. La disonancia cognitiva de la que hablamos ayer es de verdad terrible.

El avance de ideas como esta, coincidente con la propuesta de amnistía, y otras ideas acerca de cómo reducir el crimen, confirman que nos estamos alejando de la democracia liberal. Ya lo decíamos desde inicios de julio, y ahora lo han retomado otros colegas. Es un fenómeno global, que ha ido adquiriendo el mote de “democracia iliberal”, que consiste en mantener las elecciones, pero eliminar otros elementos determinantes en la concepción liberal: información accesible y confiable, derecho amplio de expresión, ausencia de factores religiosos, condiciones razonables de competencia, vigencia de derechos (especialmente de propiedad). Aunque este tema requiere mayor detalle, y lo analizaremos en otro momento, es conveniente poner en contexto lo que implica la propuesta de bienestar para las almas que ha hecho el ganador de la elección.

No veo gran diferencia con lo que Erdogan ha hecho en Turquía, por ejemplo, que le ha permitido mantenerse en el poder por 15 años, y apostar por otro tanto igual: también anda salvando almas. Hay un poco más de variación en el caso de Viktor Orbán o Vladimir Putin, que se sostienen en esa “democracia iliberal” mencionada. Europa Occidental y Estados Unidos apenas inician su tránsito, pero es notoria la coincidencia con la Constitución Moral: hay una moralidad aceptable, y lo demás debe ser rechazado.

Pues no, es inaceptable.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.