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Opinión

Ronda 2.4

01/02/2018
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petróleo
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Había pensado escribir hoy del discurso del presidente de Estados Unidos acerca del Estado de la Unión. Sin embargo, Trump volvió a aplicar la estrategia de Davos: leer en teleprompter, para no cometer errores graves. Por lo mismo, su discurso fue igual de insincero al pronunciado en Suiza, es decir, increíble y aburrido. Sin duda quien le escribe esos textos ha aprendido a incorporar abundantes adjetivos, y a reflejar el desprecio de The Donald por el resto del mundo, pero no puede escapar a la sintaxis con la gran facilidad del original.

Aprovechemos el espacio entonces para comentar acerca de la Ronda 2.4 de licitaciones para exploración y explotación de petróleo, que se realizó ayer con un gran éxito. Se colocaron 19 de 29 bloques, más de 65 por ciento, cuando la Sener había anunciado que 25 por ciento sería considerado un buen resultado. De esos 19, casi la mitad los adquiere Shell, ya sea de manera individual o en alianza con otras petroleras (incluido Pemex). En segundo lugar, PC Carigali (Petronas) se llevó seis, Pemex obtuvo dos de forma individual, y la alianza Pemex-Chevron y Eni-Qatar, uno cada una.

Las cifras de inversión potencial como resultado de esta licitación, y las anteriores, no me quedan muy claras. Aparentemente, las anteriores rondarían cien mil millones de dólares, y lo obtenido ayer podría sumar otros 60 mil. Pero es inversión que ocurrirá en un tiempo largo, no de golpe, y además es reducida en comparación con lo que el secretario de Energía considera necesario, que es de 600 mil millones en hidrocarburos y de 400 mil en electricidad. Pero el ritmo que se lleva es bastante atractivo, a pesar de factores adversos como los precios de energéticos en el mundo, la actitud de Trump, la reforma fiscal estadounidense, o las elecciones del 1 de julio.

De entrada, entiendo que el gobierno recibe cerca de 500 millones, y compromisos de pago muy importantes hacia delante, con regalías superiores al mínimo determinado para cada bloque. Eso ayudará un poco a las débiles finanzas públicas que tenemos, pero no debe imaginarse como solución. De hecho, deberíamos haber aprendido ya que despilfarrar la renta petrolera es un gran absurdo, porque eso fue lo que hicimos por treinta años. El presupuesto del gobierno debe financiarse con las aportaciones de los mexicanos, y la renta (sea por hidrocarburos, minería, agua, etcétera) debe servir para equilibrar en momentos extraordinarios.

Las inversiones que ocurren como resultado de la reforma energética son importantes como parte de la economía productiva, y no de la extracción de rentas. Como ayer comentamos, la caída de producción de petróleo y gas ha representado un crecimiento menor, cada año, de alrededor de un punto porcentual. Aunque no ha sido siempre al mismo ritmo, prácticamente desde 2004 tenemos un fenómeno similar, de forma que en estos 13 años hemos perdido ya 14 por ciento del PIB, o si lo quiere ver de otra forma, en lugar de crecer 3.3 por ciento cada uno de esos años, hemos crecido apenas a 2.3 por ciento. Lo que el petróleo dio, ahora el petróleo lo quita. La reforma energética, y las licitaciones que de ella han surgido, las debemos entender como instrumentos que incrementen la productividad y la competitividad. Por lo mismo, se debe borrar la idea tan arraigada en los mexicanos de la industria petrolera como alma nacional o sector estratégico protegido. Donde realmente se produce riqueza no es en el agotamiento de recursos, que fue la estrategia económica del siglo XX. Se produce riqueza cuando se hacen mejor las cosas que los demás quieren comprar. Ese debe ser el objetivo económico. Hay que acopiar herramientas para ello.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.