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21/03/2018
Actualización 21/03/2018 - 10:30

Un defecto muy marcado en México es la poca atención que prestamos a lo que ocurre en el resto del mundo. Imaginamos que estamos solos, y luego por eso entendemos mal nuestra propia historia: la Independencia fue parte de un proceso mucho más amplio, iniciado por Napoleón, y la Intervención Francesa se originó en la Guerra de Secesión estadounidense, por poner un par de ejemplos. En el siglo XX, lo que alguna vez se llamó, de forma grandilocuente, 'milagro económico mexicano', fue en realidad un fenómeno global (occidental), del que no supimos cosechar lo suficiente, igual que ocurrió con el resto de América Latina.

Para evitar esos errores, permítame presentarle un panorama de lo que ha ocurrido en el mundo en las últimas décadas, haciendo uso de los precios de las materias primas. Esto es muy importante porque México fue un exportador de estos bienes, hasta hace poco, y América Latina sigue dependiendo de ese comercio.

Utilizando el índice de precios de materias primas (commodities) del Banco Mundial (también conocido como Pink Sheets), que tiene un valor de 100 puntos para 2010, y se calcula utilizando dólares constantes de 2005, podemos analizar, aunque sea a grandes rasgos, lo que ha pasado en la economía mundial en las últimas décadas.

Entre 1960 y 1972, los precios de energía y metales preciosos eran muy reducidos. Menos de 10 puntos los primeros y menos de 20 los segundos. En cambio, la comida era carísima: los granos, 130 puntos; la de origen animal, 120 puntos. Entre 1973 y 1985, la energía subió a 50 puntos, lo mismo que los metales preciosos, mientras la comida se mantenía como antes. A partir de 1986, los precios se hunden: energía se va a 30 puntos, lo mismo que los metales preciosos, mientras que la comida se reduce a niveles de entre 60 y 70 puntos. Con el ascenso de China (es decir, a partir de 2001), todo vuelve a subir: energía se va a más de 90 puntos, metales preciosos a 75, granos a 100 y carne y aceites a 90 puntos. Pero en 2014 se acaba el gran ritmo de China y regresamos a niveles más razonables: energía en 60 puntos, la comida en 80, y lo único que hoy es muy caro, comparativamente, son los metales preciosos. Aunque al inicio de 2018 la energía ha subido nuevamente, todavía no llega al nivel de la etapa anterior.

Estas cuatro etapas son más o menos claras: en 1971-73 terminó el arreglo financiero creado al fin de la Segunda Guerra Mundial, y en el que ocurrieron los 'milagros económicos'. En la siguiente etapa, hasta 1985, quienes vendían energéticos pudieron obtener mucho dinero, como nosotros, pero de 1986 al 2001 ya no hubo nada más. A partir de 2001, el gran jalón de demanda de China nuevamente permitió que países exportadores de materias primas se pensaran ricos, y en esa ocasión le tocó a Brasil y Rusia albergar sueños de grandeza que, desafortunadamente, terminaron en 2014. Desde entonces, sufren y en serio.

México se embarcó en un proceso de transformación después de la caída de precios de 1985, que ha resultado muy exitoso. Ahora somos exportadores de manufacturas, y por ello no nos enriquecimos a lo tarugo al inicio de este siglo, pero tampoco nos hundimos los últimos tres años. Ya alguna vez le decíamos que, al final, Brasil y México no tenemos muy diferente comportamiento, aunque ellos lo han hecho con grandes saltos y caídas, y nosotros a un ritmo mediocre, pero estable.

Note usted que, en el largo plazo, los precios de las materias primas no suben, señal del avance tecnológico. Pero también note que los metales preciosos sí lo han hecho, y eso merece otro artículo para profundizar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.