Ocurrentes e incapaces
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Ocurrentes e incapaces

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Ocurrentes e incapaces

12/10/2018
Actualización 12/10/2018 - 9:36

Se va despejando el panorama y las cosas no se ven nada bien. El nuevo gobierno parece describirse con dos palabras: ocurrentes e incapaces. Como siempre, habrá quienes escapen a esta definición, pero los más notorios colaboradores de López Obrador, me parece, son exactamente eso.

Empiezo por el señor Jiménez Espriú, que ha neceado todo lo que ha podido con la opción del aeropuerto militar de Santa Lucía, que según él podría utilizarse de forma conjunta con el actual. Su amigo, el también ingeniero José María Riobóo, incluso ha dicho que no habría problema, porque los aviones se rechazan automáticamente, de forma que no podrían chocar. Jiménez Espriú no ha llegado a tanto, pero tampoco ha explicado por qué su opción es preferible. Insiste en el costo del NAIM, que no es relevante, porque se pagará por completo, y más, con los derechos de uso. Ha aprovechado a todo tipo de grupos, desde macheteros hasta ambientalistas, que creen que si no se hace el aeropuerto renacerá el Lago de Texcoco, y ha promovido una consulta que no tiene sentido, y ocurrirá fuera de la ley. Lo mejor, sin embargo, ocurrió ayer, cuando anunció que, la verdad, lo que hay que hacer no es sólo mantener el aeropuerto actual y sumarle Santa Lucía, sino además habilitar Toluca.

Por otra parte, no ha quedado clara su participación en los negocios petroquímicos, ni se explica su ánimo contra el aeropuerto, si no es por su relación con Riobóo. Es posible que no haya conflicto de intereses, pero eso no es cosa de fe: es su obligación aclarar su participación accionaria, y la de sus familiares, en esas empresas y proyectos. Finalmente, su actitud en un viaje de reconocimiento en Texcoco lo presenta como lo que fue, prepotente funcionario del gobierno imperial de López Portillo, que parece querer reproducir ahora. La verdad, el señor Jiménez Espriú, o es tonto, o es corrupto, y en cualquiera de esos casos no debería formar parte del nuevo gobierno.

Sigamos por el tema de seguridad, en donde las cosas se ven cada vez más complicadas. Los foros de pacificación se cancelan o resucitan dependiendo del día que sea y la persona que uno escuche. La retirada de las Fuerzas Armadas ahora es una convocatoria para ampliarlas en 50 mil elementos. El fin del Estado Mayor Presidencial es sólo una transferencia de recursos, pero los militares seguirán estando a cargo de las situaciones importantes. Una farsa, pues, que reitera que las ocurrencias de campaña, en lugar de ser corregidas, se amplían y se aderezan de la incapacidad de los funcionarios aún por nombrar, pero ya opinando y decidiendo.

En educación, el asunto es similar: por un lado se organizan foros, por el otro se destruyen. Los funcionarios no tienen idea clara de en qué dirección irá su jefe, a quien han apoyado los grupos que ahora violentan las reuniones. Los legisladores del mismo partido proponen terminar con la reforma, los funcionarios dicen que se adecuará, los maestros rompen sillas y mesas.

En cuestión económica, afortunadamente, hay pocas noticias y eso da algo de esperanza, pero la insistencia de López Obrador en la reducción de impuestos en la zona fronteriza es un grave error. Es una ocurrencia, que costará 100 mil millones de pesos por año, y que no se podrá revertir con facilidad. Se pierde más en eso, que lo que se gana reduciendo salarios y despidiendo personal. Y el costo de estas dos medidas será evidente cuando los nuevos funcionarios no sepan ni en dónde están los sellos, ni cómo se redacta un oficio.

Ahora todo es más claro: será una tragedia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.