Nosotros y ellos
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Nosotros y ellos

18/05/2018
Actualización 18/05/2018 - 15:10

Ian Bremmer es un analista geopolítico muy importante en Estados Unidos. Publicó recientemente un libro titulado Us vs. Them: the Failure of Gloablism (Nosotros y ellos: el fracaso del globalismo), en el que analiza lo que cree que está ocurriendo en el mundo. En su opinión, el proceso de globalización, que ha generado grandes ganancias para miles de millones de seres humanos, también ha tenido costos para otros. Quienes se sienten amenazados por este proceso se han convertido en una fuerza política relevante, y en los últimos años están transformando el panorama en el mundo.

Como usted sabe, todas las transformaciones implican ganadores y perdedores. Mientras mayor es el cambio, mayor puede ser lo que se gana y se pierde, y también el efecto alcanza a más personas. En los últimos 30 años, o poco más, la transformación global ha sido la más importante de la historia, si la medimos por el número de personas que han escapado de la pobreza extrema. De inicios de los ochenta al día de hoy, más de dos mil millones de seres humanos dejaron ese nivel de miseria. Ellos son los ganadores. Sin embargo, en ese mismo periodo dejaron de crearse empleos industriales en los países del primer mundo, de forma que algunas decenas de millones de personas sufrieron esa pérdida. Algunos, tal vez unos pocos millones, no pudieron recuperarse de ello, y su nivel de vida se contrajo. La mayoría simplemente no ha podido mejorar, pero está muy lejos de tener presiones económicas significativas. No importa: ellos se consideran perdedores de la globalización, y están enojados.

Bremmer identifica correctamente lo que las personas piensan, en los países desarrollados y un puñado de países emergentes, y con base en ello considera que hay dos caminos hacia adelante. Uno es construir muros, separar a nosotros y a ellos, aunque eso no resuelve problemas, y puede incrementarlos. El otro es volver a pensar el contrato social, intentando reescribirlo en términos modernos, aprovechando la tecnología, pero también aminorando su impacto. Específicamente revisa una docena de países, entre ellos México y Brasil, en los que cree que este tema será de gran importancia.

Creo que es un buen libro, si aceptamos partir de que la globalización es la causa del enojo y por lo tanto de la polarización. En buena medida, eso es lo que vemos: intentos de limitar el comercio internacional, cerrar las fronteras, controlar internamente a la ciudadanía. En todos los países de primer mundo se puede ver esa tendencia, con mayor o menor fuerza.

Sin embargo, sigo convencido de que lo que estamos viendo no es un fenómeno de origen económico, sino comunicacional, y por lo mismo me parece que hay que complementar el análisis de Bremmer. En la división entre nosotros y ellos, me parece, coincidimos cuando Bremmer percibe que los jóvenes, que viven en ciudades grandes y tienen acceso a educación, tienen una percepción del mundo muy diferente de la que tienen los mayores de 40 años. Esa división, preponderante en el primer mundo, se traduce en una dispersión inmensa del “nosotros” en miles de pequeñas islas, cada una con una única idea, que pretenden convertir en agenda pública. Frente a ello, “ellos” tienen una mayor coherencia, con muy pocas ideas: tierra, raza, religión. Como bien dice Bremmer, Trump no creó a “ellos”, sino al revés: los supo leer y por eso ganó.

Esos ellos, dice Jonah Goldberg en otro libro que pronto comentaré con usted, se definen por el romanticismo, la respuesta sentimental al materialismo que ha producido el bienestar global de las últimas décadas. Y ese sentimentalismo parece vencer cualquier análisis racional.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.